Ese amor a la Gloria

Estoy segura que todos experimentamos seguido ese amor a la Gloria. Sí, ese amor al sentirnos alabados por los demás. Sí, sí, sí, que sientes como si tu cerebro te diera un premio cada vez que alguien te admira por cualquier acto que hayas hecho y te dijera “Bien hecho”. Por ello siempre buscamos esa recompensa ocasionada por una segregación de endorfinas en tu cerebro que te hace sentirte feliz. Y qué decir de los castigos cuando quedas avergonzado enfrente de varias personas, tu mente te genera un mal viaje donde tu vida va ser un fracaso infinito. Y así es como terminamos haciendo esfuerzos sobrehumanos para elevar la opinión de los demás hacia nosotros. No hay duda que la forma más fácil de tener una mejor reputación ante los demás es con riqueza, títulos, empleos grandiosos, y fama. Nuestra cabeza nos sigue dando dulcecitos que nos hacen ver todo color de rosa. El problema es que cada vez necesitamos más de todo para seguir viendo la vida de color de rosa, entonces necesitamos más riqueza, mas títulos, más empleos grandiosos, mas fama, que la gente nos siga admirando constantemente, en resumen, nos hemos vuelto adictos a esa sensación de bienestar. Le seguimos con la vanidad, nos metemos al gimnasio, nos compramos ropa cara, nos bronceamos, compramos el celular con más tecnología, el reloj mas brilloso y bueno vaya que lo vamos logrando.

Es muy cierto que la gente te trata como te ve. Y te valoran por lo que tienes. Pero al final se vuelve todo una locura, incrementas tu crédito en las tarjetas de crédito, empiezas a pedir prestado a tus conocidos más cercanos para mantener la pantalla, tienes que empeñar algunas cosas para seguir pagando el celular etc. Y en realidad es una gran estupidez poner nuestra felicidad en las opiniones distorsionadas de las demás personas hacia nosotros, en las apariencias y en lo material.

Por eso hoy te voy a revelar cómo resolver esta locura, detrás del amor a la gloria hay un miedo a la soledad, miedo a no pertenecer a un grupo, a ser ignorado. Y la única forma de vencerlos es enfrentarlos. Sí, hasta que te desmayes del dolor. Sentir el guante blanco del rechazo social por no traer el último celular, por no llevar puesto ropa de tendencia, por no ganar lo suficiente y no vivir en la colonia residencial.

Ahora imagina que todos hiciéramos eso, que todos fuéramos lo suficiente valientes para enfrentar nuestros miedos y no vivir con vicios y necesidades que no se pueden saciar. A lo mejor dejaría de existir la moda porque cada quien se pondría lo que mejor le gustara y le acomodara. El consumismo se desplomaría porque dejaríamos de comprar todos los objetos innecesarios. Muchos negocios quebrarían y mucha gente se quedaría sin trabajo. Si no buscáramos la gloria, a lo mejor no habría gente destacando en diferentes aéreas y nos volveríamos unos retrogradas. Y con esto no aseguraríamos nuestra felicidad, sólo estaríamos más cuerdos, a lo mejor hasta moriríamos de tedio. Y todo gracias a la falta de ese amor a la gloria.

Por eso es necesario pretender que uno esta “cuerdo” que la sociedad no es una locura y aceptar que ese amor a la gloria es algo muy misterioso, y no tan ordinario y superficial como se pensaría. Hace que nos esforcemos en lograr la mejor versión de nosotros mismos, a veces no tenemos la necesidad del consumismo pero si la obligación de trabajar en sociedad, hasta por pura sobrevivencia.