Los sentidos

Es muy habitual escuchar por estos días que el cine argentino tiene que producir una cantidad de películas directamente proporcional al público interesado en él. O sea, menos. Una nota reciente en el diario de La Nación se pregunta de modo muy rimbombante “Cuantos estrenos de cine son demasiados”. Aunque el periodista habla de los estrenos de modo amplio (este año la cantidad llegaría a los 500) se lee por debajo un problema concreto en relación a las salas que están en condiciones de exhibir esos estrenos. Lo que se dice en términos cuantitativos lo quiero pensar mejor en términos de calidad.

Si fuera tan así que hay “demasiadas peliculas” y que no hay público para verlas, siempre entendiendo que esa figura que se conoce como publico es válida cuando supera el millar, nos perderíamos un universo de ficciones y documentales que registran modos, costumbres, deseos, problemas a los que de otro modo difícilmente asomaríamos. Estoy hablando claro de cine nacional al que le costó tanto producir una buena cantidad de peliculas para tener una industria que hasta hace poco fue la tercera generadora de trabajo en la Argentina.

Digo. ¿Como nos vamos a privar de ver Los sentidos? ¿Cómo vamos a dejar de conocer Olapacato, ese pueblo perdido en algún lugar de la provincia de Salta construido muy humildemente sobre las vías de un Ferrocarril que ya no pasa? ¿Y de meternos con su maestro en el aula de la escuela de esa poblacion que no llega los 300 habitantes?

Parece que Olacapato a 4.090 metros sobre el nivel del mar, es el pueblo más alto de la República Argentina, un record que el documental de Marcelo Burd no menciona pero que si uno navega por internet es fácil de hallar. Si una película genera ese interés de encontrar más datos, de saber más, objetivo cumplido.

Burd, junto con Eva Proncet, había hecho ese documental realmente consistente sobre el trabajo de las comunidades bolivianas en la provincia de Buenos Aires llamado El tiempo encontrado, resultó como decíamos en su momento una película para pensar la migración en los tiempos del postcapitalismo. En Los sentidos, su primer film en solitario, el grupo humano que describe también está asediado por ese contexto, la diferencia es que son migrantes sino argentinos viviendo en una población en la que falta la tecnología a la que ya no llega el tren, en la que algunos trabajan en minas sin sistema de seguridad. Los niños y los jóvenes conversan entre ellos sobre esos problemas y lo hacen en medio de su cotidianeidad que consiste en estar en el aula, en el comedor o en su casa con su familia.

Burd elige la modalidad de observación con momentos aparentemente guionados y actuados por los protagonistas del lugar: el maestro y director de la escuela (Salomón Ordoñez), la maestra, bibliotecaria y esposa del maestro (Victoria Ramos), La coplera y tejedora Sixta Casimiro, la cocinera de la escuela y capitana del equipo de fútbol femenino de Olacapato, (Florinda Nieva) y la encargada del almacén (Rosa Choque). Sus conversaciones conforman un mundo en el que hay que bajar kilómetros para cargar una garrafa, para comprar zanahorias o para ir a ver a los hijos. Para todo, hay que tomar pequeñas o grandes decisiones y el film acierta en otorgar a cada una de ellas una misma dimensión.

En dos momentos se concentra buen parte de lo que estoy diciendo, y son muy conmovedores: el lanzamiento de cohetes hechos con botellas de plástico que les enseña a los chicos a hacer el maestro, y la charla entre el maestro y su esposa sobre volver a Salta para estar con sus hijos.

En el medio, se guarda a las cabras por una amenaza de tormenta, se juega al futbol, o el granizo cae sobre un perro. Impecabla fotografia y cámara de Diego Gachassin y el diseño sonoro de Hernán Gerard.

Ultima pregunta, realmente creen los que piensan que el cine argentino tiene que producir menos que nos podemos dar el lujo de no ver una película como ést?

Véanla, y seguimos conversando.

Los sentidos ganó el Premio Especial de Jurado en el 14 Internacional Ethno Film Festival The Heart of Slavonia, Croacia; recibió Mención Especial en la Competencia Latinoamericana en el 17 Festival Internacional de Derechos Humanos, Argentina; Premio Mejor Documental en el 6º Festival de Cine Nacional Leonardo Favio, Argentina; Premio Mejor Largometraje en el Festival Nacional Luz del Desierto, Argentina y Premio DOCA al Mejor Documental Argentino en el Festival de Cine de Santiago del Estero.

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