Llorar es chido, estar mal también.

Hoy terminé de leer Uno siempre cambia al amor de su vida por Amalia Andrade y aunque todo el libro me gustó y me sacó varias risas, el capítulo de estar bien estar mal me dejó reflexionando y a su vez me recordó un artículo que hablaba sobre las exigencias de perfección y felicidad que tenemos hoy en día.

En mi bolsa guardé el libro y un chicle envuelto que no encontré donde tirar, este fue el resultado :(

En general y sin estar conscientes de ello, casi todos vivimos bajo la idea de “todo tiene que estar bien, todo tiene que ser bonito”; con todos, a todas horas y en todos los aspectos de nuestra vida.

Y cuando algo se sale de lo bueno y bonito llega la desdicha, el nudo en la panza, las lágrimas que te aguantas en la fila del super, las cuarenta bolsas de papitas que te comiste en menos de 1 hora, el arrepentimiento por haberte comido esas papitas, la pregunta incómoda de Netflix de: ¿Todavía estás viendo *inserta aquí la serie que llevas horas y días sin parar viendo*? Si Netflix, no nos juzgues tu también.

¿Pero por qué llegamos al punto de comer tantas papitas o chocolates? Tal vez por las expectativas que nos formamos y bajo las que vivimos todo el tiempo esperando que todo sea perfecto (vean el primer capítulo de la tercer temporada de Black Mirror y si les queda el saco, pónganselo) o tal vez incluso porque nadie nunca es honesto, a veces ni siquiera nosotros con nosotros mismos.

Quizás si las personas fuéramos más honestas y con menos “jueguitos mentales” otro gallo nos cantaría, quizás si desde un principio dijéramos las cosas como son, todo sería más sencillo. El problema está en que rara vez somos honestos, aquí dejo unos ejemplos:

Ejemplo 1. Cuando te preguntan ¿Cómo estás?

Tal vez te estás muriendo por dentro y secando como la flor de la Bella y la Bestia pero cómo va a ser que cuentes semejantes cosas, una señorita siempre está bien. Eso sí, tampoco se lo vas a contar a cualquier pelada/o.

Ejemplo 2. Cuando te aguantas el decir o hacer algo

Puede que estés a punto de reventar de las ganas de decir algo pero cómo te vas a atrever a ser tan abierta y descarada para decirlo o hacerlo, así no se manejan las damas de estos tiempos.

Y como estos ejemplos miles más, vivimos más de la apariencia que de la realidad y llega un punto en que ya no es bonito ni divertido.

Por eso, como diríamos en la familia “me zetiro”, entiéndase como me retiro, de mentir por convivir y de hacer como que todo siempre está bien y no ser honesta.

Aquí unas cuantas de mis verdades

Porque al final del día seamos honestos, llorar no es chido y estar mal tampoco pero poder ser honestos sobre eso si que lo es.

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