Sin motivo aparente.

Cuándo saldremos de casa con sombrero para quitárnoslo ante el que rompió con rutina para escuchar el llanto de un desconocido,

O ponerlo a los pies del anciano que cedió su asiento a una embarazada por eso de proteger el reemplazo del hueco.

Cuándo cerraremos los ojos y remordimiento no vendrá a soplarte las orejas hasta reventarte el pecho.

Cuándo se pasó la oferta para entrar en ‘La banda que escribía torcido’ los cuentos infantiles que he rezado a la virgen de la inmadurez para que no olvide a infancia y de salud a curiosidad.

Cuántos eclipses de voz hacen falta para archivar un Rato, ¿señoría?

Cuántos segundos necesita valentía para dar un abrazo al mendigo en su último invierno en el que destrozaremos las muelas con tangos rechinados por no salir a marcar el ensayo.

Cuántos centímetros vamos a prolongar recortados en verano para entender que Sáhara se ha colgado a la chepa de Sierra Morena.

Cuánto de infinito se parecen el universo y la paciencia de mi madre.

Cuánto ensancharemos las ojeras hasta levantarnos de la cama a poner un ‘stop’ por cada mentira que nos contó un sueño americano.

En cuántos idiomas perderemos la guerra para entender que el final se celebrará con música,
la de los bares que cerraremos para acabar buscando a la misma culpa barata a las seis de la mañana.
A la que mides toda la noche para entender que acabaréis convirtiendo el colchón en cuadrilátero y el ‘KO’ será para la duda que, por la mañana, pedirá la revancha.

Cuántas veces tendré que clavarme las uñas por cada consejo de acabar con mi nostalgia de sin motivo aparente.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.