No me pregunten porque no me importa

  • Condenas de un pueblo sin memoria

Lo que deja el plebiscito del pasado 02 de octubre que buscaba refrendar los acuerdos de paz pactados en la Habana con las FARC solo deja un sin sabor agrio de tierra seca, un sentimiento de traición que rompe con esa esperanza de concordia y quietud que algún día se tuvo en las tierras de Macondo.

Un alto porcentaje de ciudadanos decidieron abstenerse cuando se les preguntó por el problema que se carcome al país, la indiferencia una vez más fue el diablo que se soltó ese domingo en la tierra de Gabo, como si hubiera salido de uno de los cuentos peregrinos, un huracán amenazó con destruir los pueblos costeros del atlántico y las altas temperaturas llegaron con bastantes lluvias para el país; pero no solo fueron esos los designios miserables de la jornada, fue la gente del pueblo que no se dio el permiso de meditar en el contexto violento en el que viven, y lo dejaron todo al azar y al acaso, esas personas que decidieron silenciarse tomaron los fusiles y nos dispararon, “no me importa” fue la solución democrática de Colombia de casi un 62% de voces sin posición, “no nos despierten cuando se hayan contado los votos” porque a fin de cuentas no me interesa si siguen matando a las poblaciones marginales, nos es completamente irrelevante.

De la serie “los indígenas del hielo” — Indígenas UWA en la Sierra Nevada del Cocuy © 2013

El país sudaca una vez más produjo una polémica global, la incertidumbre se apoderó de las montañas colombianas y le dimos la bienvenida a la derrota, aquí fueron abaleados una vez más las víctimas — les fallamos — y además las colocamos en el péndulo de una guerra más refinada y oligarca, se las entregamos a la ultra derecha colombiana que bajo el mando de sus religiones pisotean un acuerdo de paz y los condenan a seguir agonizando ante una guerra que comenzó hace 52 años y que por ahora, no nos van a dejar terminar.