Sugiero que no veas el dedo.

Por alguna extraña razón, algo que sigue presente en mi mente y que lo escuché desde mi escuela primaria cuando estaba niño, fue cuando el director en un discurso dijo: “Hay gente que cuando le señalan la Luna, se le quedan viendo al dedo”. Recuerdo que en aquel entonces no entendí nada, era niño. Pero se me quedó la frase. Pasaron los años y ¡cuánto me encantó la tremenda verdad que esta metáfora revela cuando la entendí!: Ciertas personas no son capaces de distinguir lo importante distrayéndose con lo intrascendente.

Hoy amanecí en Guadalajara para una de mis presentaciones y aunque llevo prisa, hay momentos donde las ganas de escribir se comparan a una tremenda hambre o indescriptible sed, y pues aquí estoy plasmando algunas líneas porque algo dentro de mí gritaba: “¡Escribe!”. Me acaban de inspirar dos hechos recién vividos esta mañana, uno en mi Twitter y otro en mi Whatsapp. En el Twitter aparece el comentario de una persona totalmente desconocida para mí donde sin el más mínimo asomo de conocimiento de lo que una persona como yo tiene que vivir -en cuanto a los desafíos en tiempos para lograr llegar a eventos cuando uno anda de gira en un país como México y sus folkloricas manifestaciones y bloqueos viales-, con comentarios tan tontos, pero de verdad, tan tontos, que simplemente hice caso omiso a lo que continuó diciendo, pero que en algún momento expresó algo como: “…debe de ser algo en ti, porque yo ya a dos conferencias que asistí tuyas empezaste tarde”. De verdad, me dio risa. Si de algo me jacto es de que yo llego puntual a todas mis conferencias y muchas veces debo esperar a que el organizador dé mi entrada cuando todo se ha atrasado en un evento al que yo llegué puntual, pero en fin. El tema no es ese… simplemente me pregunto: ¿Esa persona que juzga que hay algo en mí y que en dos conferencias empecé tarde -según ella- habrá sido capaz de recibir el mensaje de las dos conferencias que era lo más importante? No, evidentemente no creo, se le quedó viendo al dedo cuando le señalaron la Luna. Una de la más fascinantes trampas del ego -y que explico ampliamente en mi libro El verdadero éxito en la vida, más allá del ego-: el querer señalar el error, ¡incluso muchas veces donde no lo hay o donde si existiera, para los fines centrales del evento, resultan intrascendentes! No, la persona esa no tuvo la capacidad de eliminar el polvo para apreciar el tesoro guardado. Gente que se fascina con el polvo, se detiene en él, incapaz de alcanzar lo valioso por atorarse en lo intrascendente. Gente que disfruta de criticar a un famoso para sentir que tiene fama, gente que se cuelga de una estrella para sentir que tiene momentáneo brillo. Gente que cuando se le señala la Luna cree que primero debe de hacerse manicura quien la señala.

Luego, en mi Whatsapp, una persona critica dos faltas de ortografía en un anuncio donde se invita a un taller de liderazgo dictado por un exitosísimo líder que visita nuestro país. Conozco al señor y es, con todo el rigor de la contundente evidencia, un multimillonario muy exitoso y que viene a compartir estrategias de cómo lograr generar riqueza, cómo mejorar las relaciones interpersonales en un negocio real, lo que implica la llegada de una nueva y extraordinaria tienda a México de la que uno puede ser socio, yo mismo lo soy, la entrada al evento es totalmente gratis, y… alguien critica dos acentos de un anuncio, mismo que ni el señor hizo -lógicamente-. Yo cuando los vi, recuerdo que lo primero que pasó por mi mente es la imagen de un diseñador en USA donde naturalmente su computadora no tiene acentos. Lo pasé por alto en fracciones de segundo. Sé que más de uno diría que aunque el diseñador no tuviera acentos en su computadora, ¡por respeto al país debería buscar una con acentos y ponerlos antes de crear ese anuncio! ¡Por Dios! Una vez más, la gente que se le queda viendo al dedo mientras le señalan la Luna. Bueno, gente que se le queda viendo a la bacteria de la mugre de la uña del dedo que le señala la Luna. Señoras y señores… ¡¡¡nada que ver!!! De verdad, sugiero que rebasen esa trampa del ego. No existe la perfección cuando se busca lo esencial. Si el anuncio fuera para un curso ortografía… muy posiblemente sería delicado la falta de dos acentos en él… ¡pero es un taller de liderazgo! Y, como experto en liderazgo que soy, no existe tipología del líder. No se necesita una ortografía propia de la Real Academia Española para ser líder. De hecho, muchos de los más grandiosos líderes que yo admiro no tienen ortografía… ¡y no me importa! De esas personas de gran valor no voy a aprender ortografía ni gramática, voy a aprender de éxito en la vida. Y no, lo uno no implica lo otro por si alguien ya lo está pensando. De hecho, tocante al tema, hoy tengo ganas de expresar que la ortografía es gran demanda del ego. ¡Y te lo digo como escritor que soy! Yo a mí me exijo ortografía, lógicamente, y de hecho, la ortografía, la gramática y la semántica a mí “se me dan” sin saber gran cosa de estas materias. Hum… recuerdo cuando años a mí me molestaba ver faltas de ortografía y llegaba a desacreditar a una persona por ello diciendo: “…cómo se atreve a escribir un comunicado, un documento así!”. Hoy, hoy que noto cómo he evolucionado en conciencia, cuando recibo una inmensa cantidad de cartas, emails, whatsapps, posts en facebook, repletos todos de aberrantes faltas de ortografía… ¡no me importan en lo más mínimo! Yo solo me pregunto: ¿Entendí lo que esta persona me quizo decir? Y si la respuesta es sí, para mí es más que suficiente. Una persona no es más o menos por su ortografía o por su puntualidad. Hoy que sé que todo pasa cuando debe de pasar, ni un segundo antes, ni un segundo después, le he bajado a mi exigencia por puntualidad de otros; hoy que sé que muchas cosas valiosas vienen envueltas, escondidas, en una envoltura muchas veces nada agradable, yo ya no me fijo en la envoltura, yo abro el regalo de la vida y me dejo asombrar con el tremendo valor del contenido. Yo cuando recibo un texto con faltas de ortografía, he llegado a emocionarme por lo que la gente me dice, hasta las lágrimas, sin importarme lo más mínimo las faltas de ortografía. Un acento o no, para mí sólo es un pequeño desafío de comprensión contextual si lo implicara para su cabal entendimiento, pero nada más, y como para entender tengo capacidad de sobra, me es suficiente recibir el mensaje venga como venga escrito.

Querido lector, lectora… ten cuidado de que cuando te señalen la Luna no te le quedes viendo al dedo. Sugiero que no lo hagas por más pasión que tengas por la manicura, el tema era la Luna. Recuerda que hasta cabalísticamente siempre existirá “el satán”, el oponente, aquello que está ahí solo para distraerte de tu objetivo real. Supéralo. No juzgues el contenido de un libro por su portada, no intentes valorar un regalo por su envoltura, no te le quedes viendo al dedo cuando te señalen la Luna. Ve más allá de lo evidente. Recuerda que nuestros sentidos nos engañan y que lo esencial es inaccesible por medio de nuestros sentidos. Requiere de un mayor crecimiento en ti para pacíficamente recibir el verdadero regalo.

¡Vivo con entusiasmo!

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