Mi primer beso — cliché

Yo tenía trece años, mi hermano Sebi ocho. Viajábamos a Los Angeles a visitar al viejo. Mi hermano se dedicaba a vomitar y dormir todo el vuelo, actividades que alternaba intermitentemente.

Cuando eras menor te colgaban del cuello un sobre grande de plástico transparente, muy parecido a la bolsa de vomitar, en donde había que poner los documentos de viaje. Ese sobre tenía un collar también de plástico que te cortaba el cuello con una rebarba plástica. Durante las escalas a los menores nos hacían quedar dentro del avión y esperábamos una o dos horas en el asiento mientras te pasaban la aspiradora por al lado.

En ese viaje éramos un grupo de menores no acompañados, quizás otros hijos de otros padres que se habían ido a vivir a Los Angeles o alguna parte de Estados Unidos. En el grupo había una niña de mi edad que me había gustado. No sabía hablarle a las chicas, pero en ese momento me sobraban ganas y tiempo para aprender. El anonimato ayudaba.

Ya solos en el avión, aproveché que mi hermano estaba durmiendo y me fui a ver qué onda con esa chica. Ella estaba sentada al final del avión, sola. Me acerqué y me senté al lado suyo. María José se llamaba. Tenía una sonrisa hermosa, esas que se ven todos los dientes. Le hice seguramente algún chiste y la hice reír, nos reímos mucho, me contó en algún momento sobre su novio, me mostró una foto de alguien que se parecía a Nicolás Repetto, quise no escuchar. Parecía que ya a sus doce años sabía generar celos. Hablamos de cosas intrascendentes durante bastante tiempo, hasta que en un momento me trabé en la conversación, me puse nervioso, sentí algo nuevo, una adrenalina, no sé… y un instinto que no había sentido hasta ese momento me llevó lentamente hacia su boca. Nos besamos torpemente durante mucho tiempo, metí mi lengua en su boca sin saber qué hacer luego. Así pasamos un rato hasta que empezó a volver la gente a sus asientos. Como era de esperar, llegó la persona que se sentaba al lado de ella, era un flaco alto negro, con auriculares, mucha pinta de rapper. Le pedí que se vaya, que me deje sentar con ella, él me hizo caso y se fue. Al rato volvió y yo de alguna manera me las arreglé para caber junto a María José en su mismo asiento junto a la ventanilla.

Seguimos besándonos mucho tiempo más, yo me había cebado e iba por más, había perdido el control, ya no tenía cerebro, ya no era yo, ya no era el mismo que se había subido a ese avión. Había dado mi primer beso.

Por las dudas de que sea la primera y última le empecé a recorrer el cuerpo con las manos por donde podía, ella combatía esos movimientos muy femeninamente. Yo quería tocarle puntualmente las tetas y el culo. Valga aclarar que en el avión las luces estaban prendidas y la gente estaba muy animada con la escena. Había un tipo al otro lado del pasillo que me guiñó el ojo y me levantó el pulgar. La escena se extendió un rato más hasta que en pleno trance alguien me dio dos toquecitos en el hombro, era un comisario de abordo. Flaco… me alegro por vos, pero por qué no vas un poquitito con tu hermano que no se siente muy bien, si? Era una órden. En efecto, mi hermano filas adelante estaba sorteando un infierno de vómito y sueño. No me quedó otra que quedarme con él, se durmió al instante, creo que yo también, pero con una sonrisa.

Al día siguiente ya en Los Angeles, haciendo el trámite de migraciones, me crucé con María José. Me pareció petisa, yo no era alto pero ella sí era petisa, ya no me gustó tanto, me estaba empezando a poner exquisito. Me dio vergüenza que mi hermano se entere, nunca más supe de esa chica que me acompañó para siempre.

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