Naturaleza muerta




Después de muchos años de relación con Lau, ella se fue a vivir a Dubai, allá pasó cinco meses trabajando de cantante en un mega hotel y terminamos nuestra relación a la distancia. Cuando volvió nos debíamos un encuentro. Fue en un restaurante peruano de Belgrano que nos reunió sin saber cómo saludarnos. Nos dimos un abrazo fuerte, un beso seco y corto y entramos a comer. Habíamos vivido juntos casi seis años, teníamos código para todo pero en ese momento no sabíamos de qué ni cómo hablar. Ella llevaba un perfume y gestos que no reconocía en ella y su mirada me era ajena también. Iniciamos alguna charlas triviales sobre temas aleatorios, el clima en Dubai, sus playas, sus hoteles, las burkas. Todavía tenés ese celular? me preguntó interrumpiéndose a sí misma en su desinteresado relato. Sí…, respondí.

La acompañé hasta su casa y me invitó a subir. Me había traído unos regalos autóctonos musulmanes. Un Narguile que venía con un tabaco saborizado a durazno y otro a manzana, estaba muy bueno. Después un ahuyenta mosquitos que tenía una lucecita que encendía una foto de La Meca. Los mosquitos veían La Meca y se iban supongo. El último regalo era un símil libro de plástico que en verdad era un reloj despertador cuya alarma era ni más ni menos que un rezo islámico, le agradecí.

Me acompañó abajo para despedirme y nos quedamos charlando un poco más en la puerta del edificio. La charla se prolongó hasta que en un momento cuando ya no había más tema de conversación, Lau suelta una pregunta. Cómo está tu abuelito Mario? Mi abuelo Mario murió hace cuatro años, si vos estabas… Ya sé, me interrumpió, no estoy loca, quería preguntarte cómo lo llevás dentro tuyo. Estaba asombrado por la pregunta. No me convenció mucho su aclaración tampoco, me quedé mal. La miré un rato a los ojos tratando de volver a reconocerla y así estuvimos un par de minutos sin saber más qué decir. Nos sorprendió un ruido muy fuerte que nos hizo saltar de donde estábamos parados. Nos dimos vuelta y había un lagarto gigante, debía medir un metro, muy grande. No podíamos creer lo que estábamos viendo. Es de verdad? dijo Lau. El animal aún en estado de shock como nosotros, lentamente se paró en sus patas, sacó un par de veces la lengua y empezó a moverse. Hizo unos pasos y se escondió debajo de un auto. Al minuto salieron del edificio dos muchachos preguntando si habíamos visto un lagarto caer por el balcón, se lo señalamos y se lo llevaron. Estás muy loca, mejor me voy, le dije y me fui.

Llegué a mi casa confundido. Me senté en el living a mirar un rato por la ventana. Me colgué mirando cómo crecía una glicina sobre un pino, la pileta de natación que mis vecinos siempre tienen vacía de agua y llena de hojas y después vi sobrevolar una paloma. La paloma bastante grande venía en dirección a mí volando muy rápido. Me quedo maravillado con su vuelo hasta que se empezó a acercar demasiado y me agaché. La paloma fue hacia arriba golpeándose de seco contra el travesaño de la ventana. Ruido a hueso roto y un silbidito. Me volví a asomar por la ventana y en el patio de la planta baja estaba la paloma muerta abierta de alas mirando para mi tercer piso contrafrente.

Un día de naturaleza muerta.

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