Vendetta

Cuando tenía dieciocho fuimos con mi familia Kauderer, padre, tías, hermano y primos a Villa Gesell. Íbamos mucho allá y mi viejo y tías alquilaban varios departamentos en un mismo edificio de las playas sur.

Una tarde caminando por la playa veo sentada en la arena a una chica rubia, flaquita, con unos hermosos anteojitos de nerd, era bellísima y estaba sola. Me acerqué y me senté a charlar con ella un rato largo. Se la veía medio triste pero lo compensaba con un nivel de sensualidad altísimo. Tenía pechos chiquitos y el corpiño le quedaba un poco grande por lo que constantemente tenía que acomodarse para que yo no me quedara mirándola. Se llamaba Paula. Por qué estás triste, le pregunté. No leíste por casualidad en el diario que hubo una pareja en Berazategui que fue asesinada a puñaladas? me preguntó. No. Bueno, esos eran mis padres, los mataron la semana pasada.

Cuando volví al departamento me enteré que a mi primo Tomi le habían roto una pierna jugando al fútbol en la playa. Según contaban, uno de los chicos se le tiró con las dos piernas a la rodilla. Estaba en el hospital y le estaban enyesando la pierna.

La tarde siguiente, todos en la playa, mi primo con su yeso, vemos por ahí a los chicos que jugaban con él la tarde anterior. El que lo lastimó, un forro, empezó a cargarlo por el yeso. Le hacía gestos de gallina con los brazos. A todos nos cayó mal, mi viejo se paró y se le acercó. Le pidió el teléfono de sus padres. No tengo ganas, le contestó. Le echó la culpa a Tomi y mi viejo insistió con lo del teléfono. Al fin le dio un número y mi viejo sacó un celular del bolsillo.

En esa época nadie tenía celular y menos en la playa. El pibe cuando vio que mi viejo empezó a marcar salió corriendo por los médanos para el lado de las casas. Mi viejo tuvo también el impulso de salir corriendo enfurecido detrás de él. Yo estaba ahí y salí también corriendo atrás del chico y atrás de mi viejo. Los tres en fila nos metimos entre las casas, por las calles, uno por una calle y el otro por otra, los perdí de vista. Me escondí detrás de un auto a ver si se me cruzaba este pibe. Pasó delante mío. Salí de atrás del auto y lo agarré. No sabía bien qué hacer así que empezamos a caminar juntos, el pibe estaba asustado. En eso escuchamos un grito muy largo que se acercaba a nosotros como un tren. Veo a mi viejo correr hacia nosotros, aaaaaaaaaaaaaaah!!! Pegó un salto y se tiró a los pies del pibe abrazándole las piernas. Terminamos todos en el piso llenos de arena. Cuando el pibe se quiso levantar le empecé a pegar en la espalda. Le pegué dos puñetazos, se escuchó un sonido hueco y sordo y se volvió a caer en el suelo. Se había armado ya una ronda de gente en torno nuestro, y en eso, de entre la gente sale un hombre panzón que dice, eeeeh!! qué están haciendo con mi hijo? Cagamos, era el padre. Agitados le tratamos de explicar como pudimos lo que había pasado y en la confusión de la discusión nos fuimos.

A la mañana siguiente, yendo para la playa nos cruzamos con el padre del chico en la planta baja. Su cara se desfiguró. Nos miró a los dos a los ojos, se le frunció el ceño y se le endureció la boca. Levantó el dedo índice de la mano derecha y nos apuntó sin decir nada y respirando intensamente. Nos siguió señalando con el dedo en silencio por un rato, nosotros esperábamos el desenlace. Lentamente y sin quitarnos la mirada de encima, empezó a curvar ese dedo y dijo, ustedes… (ahí se llevó el dedo curvado y lo calzó entre los dientes y se mordió) grrrrrrrrrr.

Se fue. Lo miré a mi viejo y le pregunté, qué fue todo eso? Me dijo que nos había hecho la vendetta.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.