Ves! Aprendiste no?

Me llamó mi abuelo Alfredo, mi abuelo Kauderer, que había sacado entradas para un concierto. Yo tenía doce años y estaba a pleno con el jazz.

Llegamos al teatro Opera temprano y mi abuelo se puso a hablar con el acomodador que cortaba las entradas. Se pusieron a hablar de la historia del teatro, de los años que el tipo llevaba trabajando ahí, hablaron de los artistas que habían pasado por la sala, mi abuelo le contó que tocaba el saxofón, hablaron de los tiempos pasados (que fueron mejores), el acomodador nos contó alguna que otra historia de camarines, hablaron de la familia, nos contó que tenía un par de hijos que se dedicaban al arte y según él se iban a morir de hambre, mi abuelo lo quiso convencer de que no era tan así, él es mi nieto y es pianista, dijo, lo cual no era ninguna garantía tampoco, el acomodador me felicitó, hablaron de relaciones, de los años que llevaban de casados, hablaron de mujeres, y justo antes de que la conversación se ponga aburrida nos invitó a pasar a la sala.

Nos sentamos en la última fila del teatro, donde mi abuelo había comprado las entradas. Le pregunté si se conocían con el acomodador y me contestó que no. Arrancó el primer tema y se acercó una lucecita por el corredor. Vengan, acompáñenme por favor, dijo el acomodador. Lo seguimos. Nos sentó en la fila dos en el medio. Le agradecimos.

Mi abuelo me miró, me guiñó un ojo y dijo: ves! aprendiste no?

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