Virgen de Lujan — Fire Walk With Me

Cuando éramos adolescentes nos inscribimos con mi primo P… en el gimnasio. P… era más bien gordo y yo más bien flaco y encorvado.

El lugar como todo gimnasio era encerrado, música al taco, teles encendidas al mismo tiempo en diferentes canales, luz de tubo fluorescente y un mix de olor a chivo con átomo desinflamante. Había gente que iba muy seguido, jóvenes aspirantes a patovicas, hombres aspirantes a barra bravas y viejos aspirantes a jóvenes. También había muchachas, varias de ellas entrando en el veteranismo que se anotaban, decían ellas, para bajar unos kilitos antes del verano.

Del otro lado estaban los profesores. Uno de ellos, C… era flaco, petiso y sobre todo tano. Llevaba la barba tipo candado y cuando podía gritaba a estos negros de mierda habría que matarlos a todos. Alguien lo escuchó decir que con las botas estábamos mejor pero no fui yo. Lo cierto es que C… llevaba un cuchillo que se lo metía apretado entre el calzón y la espalda, le encantaba agacharse y que se viera que iba calzado. Un duro.

Otro profesor era J… que hacía dupla con otro rubio que nunca supimos el nombre, estos dos se dedicaban a mirar minas. El que nunca supimos el nombre decía que era modelo de cuerpo y que en tal o cual publicidad mostraba sus bíceps. Un día cayó al gimnasio con una cirugía estética en la nariz, ahora iba a poder ser modelo de cara también. J… tendría unos 45 años y ojeras profundas. Casado hacía quince años se autodenominaba swinger aunque aseguraba que su mujer no lo era. Generalmente J… hablaba con nosotros y cuando pasaba una mina les decía bien bajito y rápido, andá precalentando allá que ahora voy y te la meto un rato, o agarrame la garcha con esa máquina, diez repeticiones que ahora voy. Lo deslizaba tan sagazmente con una voz grave impostada que las minas seguro se preguntarían si en verdad dijo lo que oyeron. El hacía un gesto de gravedad, nosotros nos reíamos para nuestros adentros y esa escena se repetía siempre. J… manoseaba a las minas cuando las ayudaba a estirar y nos miraba buscando complicidad. Tenía buen tacto y tacto también de con quien hacerlo por supuesto. Le encantaba contarnos historias sobre minas que se garchaba dentro y fuera del gimnasio, dónde se las garchaba y cómo. Era un detallista, siempre creí que en el fondo lo hacía para que lo imaginemos a él y a su pija. Había un chico gay habitué del gimnasio con quien J… había pegado buena onda. Una vez nos contó orgulloso que había invitado a este chico a su casa a ver una película y de golpe D… le empezó a succionar el pene. El se dejó, cuál era el problema? decía. Lo contaba y se reía.

El otro profesor, el que nunca supimos el nombre utilizaba técnicas más infantiles, tenía un chiste que repetía con una y con otra, era así: comprimía sus brazos y manos como agarrando un objeto pequeño en medio de su pecho y decía, no viste un perrito así y así que se fue para allí? Mientras iba haciendo un juego de manos y brazos trabando la musculatura. No era gracioso, pero para él que era modelo de torso seguía siendo divertido.

Por último teníamos a M… . M… era barra brava de River, era bastante parecido a Woody Harrelson pero el doble de tamaño. Tenía pinta. El era mucho más sutil que J…, C… y que el que no sabíamos el nombre. M… se sentaba detrás de su escritorio y te expedía una rutina de ejercicios adecuada para tu edad, tu peso y tus aspiraciones. No era un improvisado, aparentaba ser un tipo fino, hablaba bajito y criticaba la falta de profesionalismo dentro de las instalaciones. Guardaba cierta dulzura en su mirada. Para ese entonces mi primo ya estaba casi viviendo en el gimnasio y habían estrechado vínculo con M…. De alguna manera M… era un héroe para mi primo. M… contaba muchas historias y era bueno haciéndolo, las temáticas eran variadas, se hablaba de mujeres, de minas, de gatos, de yeguas, de perras, de pendejas, de ortos, de culos, de tetas, de gomas, de pijas, siempre mucho de pijas. Gustaban de explicar cómo se cogerían a tal o cual mina. Si la agarro la parto como un queso decían. Una vez cayó y dijo, miren lo que le pasó a Gastón mi mejor amigo, resulta que el chabón se había levantado una mina y se la llevó a su casa. Aclaro… Gastón está casado hace diez años y vive con su mujer, nos confió. Entonces entra con la mina, en pleno día y se sientan en el sillón de su casa, estaban franeleando, calentándose un poco y en eso se abre la puerta del departamento. Entra su mujer… Y qué paso?? preguntamos. Entonces ahí Gastón reaccionó, sin decir nada agarró de la mano a la mina que se había llevado, pasan por delante de su mujer, salen del departamento, cierra la puerta con llave y la despide abajo del edificio. Vuelve a subir, abre la puerta de su departamento y encuentra a su mujer aún congelada parada al otro lado de la puerta. Hola mi amor, como andas! Volviste antes del laburo hoy? Quien era esa mina? responde ella. Qué mina mi amor, si acabo de entrar, no ves que acabo de abrir la puerta?! Te estás volviendo loca che! Vamos a preparar algo de comer… Nosotros estallamos de risa.

Por lo general yo llegaba al gimnasio y mi primo ya estaba ahí hablando con M… Se escuchaban siempre historias y comentarios misóginos, señalaban alguna que otra muchacha y decían que esa está buena para que te chupe la pija y apoyarle un vaso de whisky en la cabeza o mientras te la chupa pegarle una piña en la oreja, luego reían en un unísono de carcajadas maliciosas. Me empecé a alejar un poco de la escena del gimnasio y de ellos aunque con mi primo nos veíamos fuera del gimnasio. Ellos se hicieron muy amigos, M… pasó a ser su amigo y persona de confianza. Una vez salimos juntos, me pasaron a buscar en el auto de M… por casa y cuando me senté en el asiento de atrás encontré un bastón largo como los que tenían los milicos en la época de la noche de los lápices. Y esto? pregunté. Eso es por si pasa algo en la calle, si alguno se me cruza lo mato a palazos. M… era patovica de un boliche de costanera norte. P… en ese momento estaba desempleado y su cuerpo se había convertido todo lo que pudo en el de M… . P… comenzó a trabajar también de patovica en ese mismo boliche. Un par de veces los fui a visitar y tomé algunos tragos gratis en la puerta con ellos. Ahí hacían casi lo mismo que en el gimnasio, miraban las minas que entraban y que salían, las contaban con un cuentaganados, y las trataban como tales. Jugaban a señalarlas y a fantasear a cual le apoyarían el vaso de whisky en la cabeza. Era el principio del fin para mí en el mundo del gimnasio y en el nuevo mundo de mi primo.

Por ese entonces P…, con quien durante muchísimos años fuimos compinches estaba muy violento. Era un perro enfurecido. Una tarde me llamó por teléfono, adrenalínico. Me contó que estaba caminando por la plaza paseando a su perro cuando un pibe chorro se lo cruzó y le pidió plata. No tengo le contestó. Dame la billetera. No la traje. Entonces dame el discman. Cómo?? le dijo mi primo, y se sacó los auriculares. Que me des el discman dijo el pibe chorro. P… le dio el discman y cuando el pibe chorro lo agarró mi primo le pegó tal piña en la mandíbula que el pibe chorro cayó inconsciente en el suelo. Le siguió pegando piñas y patadas en el suelo hasta que se juntó gente alrededor para ver la escena. Alguien le gritó matalo que es un chorro! Mi primo estaba cebado. Cuando el pibe chorro ya casi no daba señales de vida P… frenó, le hurgó los bolsillos y encontró una billetera, adentro no había nada, sólo una estampita de la Virgen de Luján. Gil, le dijo, ahora el que te afana soy yo! Se metió la estampita en el bolsillo del pantalón manchado con sangre y se fue.

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