¿Cómo salvamos la arquitectura?
Durante los 7 años que pasé en la Escuela de Arquitectura no me enseñaron a diseñar para quien de verdad importa: las personas.

¿Es la arquitectura arte?, ¿es el arquitecto un diseñador?
Durante los siete años que pasé en la Escuela de Arquitectura me planteaba estas cuestiones a diario. Escribo estas líneas “inspirado” por la Ciudad de la Cultura de Galicia mientras deambulo entre sus calles llenas de zanjas, desiertas. Peter Eisenman era uno de esos arquitectos estrella, uno de esos que había que estudiar si querías hacer un buen proyecto de arquitectura. Dejadme decir que Peter Eisenman era uno de los intocables.
En la Escuela de Arquitectura todo proyecto se concebía a través de términos difusos como: radicalidad, concepto, sueños o inspiración. Una pecera como proyecto final de carrera, un hotel colgando de unos hilos alrededor del barrio tokiota de Shibuya o un baño sin puerta entre los proyectos destacados del mes. No culparé a los alumnos que hacían estos proyectos. Aprecio, por otra parte, las dotes de creatividad que nos insuflaban este tipo de actividades, proyectos y utopías. Pero…
¿Por qué ha perdido valor el papel del arquitecto humanista?, ¿puede que la obra de arquitectura excéntrica y disfuncional de los arquitectos estrella nos esté pasando factura como sector?, ¿no nos habremos distanciado de quien de verdad importa?

El problema era que no sabíamos ni porqué ni para qué estábamos diseñando. Puedo decir que en tantos años de carrera, pocas veces hablé de usuarios. Aprieto los puños al pensar que pude ser un mejor arquitecto si hubiese entendido esto desde un primer momento.
Desmotivación durante, frustración después.
Si queremos recuperar el impacto social del arquitecto, tenemos que ser conscientes de que lo que hacemos tiene una repercusión en los que nos rodean. Entendamos las necesidades, problemas y preocupaciones de los usuarios para los que estamos diseñando, aportemos valor. Hagamos un esfuerzo para que estos conceptos básicos se expliquen en las escuelas desde el minuto cero.
No es tarde. El sector tiene un potencial técnico y humano increíble. Es solamente una cuestión de cambio de foco. Quizá los ciudadanos empiecen a entender que estamos a su disposición, que nos importan.
Diseñemos centrándonos en el usuario.
