Ópera del usuario anónimo número 32117180996xx

La influencia de la Web 2.0 en la forma en que consumimos y compartimos arte

Compilación de canciones publicadas por user48736353001 en la plataforma SoundCloud

Actualmente, la internet es un lugar donde millones de aplicaciones residen en el formato de sitio web y prestan (en buena parte) de manera gratuita servicios a los clientes por los cuales hace apenas veinte años tendrían que haber pagado grandes sumas de dinero, además de atenerse a disponibilidades físicas limitadas y complejos e inefectivos sistemas de actualización de software.

Así como existen millones de sitios, existen billones de usuarios (3.2 billones según la International Telecommunication Union) que a diario acceden a estos sitios desde cantidad de dispositivos distintos desde cualquier parte del mundo. Cada uno de estos seres humanos al acceder a internet se convierte en un potencial generador de información; información que adquiere mucho más valor del que nos imaginamos.

Según Alexa Internet los sitios web más visitados actualmente son Google, Youtube y Facebook; tres plataformas que prestan servicios altamente demandados, con interfaces de alta calidad y al bajísimo precio de absolutamente nada.

Sin embargo, si miramos una capa más abajo de lo superficial de estos sitios nos encontraremos con tres perfectos ejemplos de uno de los principios de la Web 2.0 propuestos por Tim O’Reilly en el artículo What Is Web 2.0 publicado en septiembre del 2005: La gestión de la base de datos como competencia básica. Es decir, a estas plataformas no les interesa prestar sus servicios de manera gratuita porque a cambio están recibiendo una cantidad de información proveída por los usuarios que finalmente alimentará una base de datos pantagruélica la cual cada vez adquiere más valor. La información es poder. El usuario vale por lo que pueda aportar a las grandes industrias.

‘Orwell temía a aquellos que pudieran privarnos de la información. Huxley temía que la población resultara tan sobreinformada que se redujera a sí misma a un estado de pasividad y egoísmo.’ Stuart McMillen (2009)

Dejando de alimentar este distópico panorama social orwelliano, es preciso mirar cómo la Web 2.0 de hecho ha servido también en gran medida para introducir una gran estructura democrática a los medios de comunicación y específicamente al arte.

El primer principio de O’Reilly de la Web 2.0 define a la Web como “plataforma”. Las implicaciones de esto van mucho de la mano con el enfoque que la Web 2.0 da al contenido creado por los usuarios siendo esta exactamente la plataforma que rompe los tradicionalismos en la creación, distribución y consumo de los contenidos, centrándonos aquí más exactamente en la música.

En cuanto a la creación, en primera instancia la revolución va de tres cosas: el auge de la electrónica en los últimos años, la existencia de DAWs (programas para crear música) a precio accesible para la mayoría y los tutoriales y guías para estos que se encuentran en internet. Estos tres factores han sido cruciales para el nacimiento de jóvenes artistas que hoy en día están en las letras grandes en importantes festivales alrededor del mundo como Zedd, Martin Garrix y Stromae.

Respecto a la distribución y consumo que indudablemente van de la mano, aparecen varios fenómenos. Inicialmente aparecen los servicios de streaming por subscripción (Spotify, Tidal, Apple Music, Pandora) a través de los cuales se centraliza toda la música que una plataforma pueda ofrecer y se hace disponible en su totalidad al usuario por una cuota fija mensual que le permite aprovechar estas bibliotecas sin restricción alguna y además con la facilidad de que no necesita descargar nada. Por parte de los artistas, estas plataformas representan principalmente una nueva forma de poner su contenido allá afuera a cientos de miles de potenciales escuchas y en segundo plano una no muy buena forma de generar dinero (los artistas ganan apenas centavos por cada reproducción).

En un segundo momento también aparecen plataformas que doblan como red social (BandCamp, SoundCloud) las cuales permiten que cada artista comparta su música de una manera más personalizada acorde a sus preferencias, incluso si estas incluyen distribuir su contenido de manera gratuita, de libre uso, sin derechos de autor ni licencia Creative Commons.

Mi caso favorito en el que se ven implicados estos nuevos canales de distribución es el caso de user48736353001 (video al inicio del artículo). En resumidas cuentas, el mejor productor de música electrónica de la historia (opinión 100% personal) Richard D. James mejor conocido como Aphex Twin en el año 2013 llevaba doce años enteros desde la publicación de su último álbum DrukQs pero acababa de firmar un contrato para publicar un nuevo proyecto que saldría en el 2014 bajo el nombre de Syro.

Por esta época, empezaron a aparecer en distintos foros musicales de internet una gran fijación por un usuario en Sound Cloud conocido como user48736353001 (nombre generado proceduralmente por la plataforma cuando se crea una nueva cuenta) el cual no tenía ni foto de perfil ni descripción biográfica. Conocedores del tema empezaron a especular que podía tratarse de Aphex Twin, puesto que era “imposible que alguien pudiera emular su sonido o ideas tan fielmente, tener tal talento y aún así pasar desapercibido por el mundo” (Philip Sherburne para Pitchfork).

El 29 de enero del 2015 después de tanta incertidumbre, la cuenta oficial de twitter de Aphex Twin publicó un enlace al perfil de user48736353001 confirmando así que las más de 200 piezas que había publicadas en esta cuenta eran efectivamente producción de James. Este, como gran enemigo de la presencia pública poco dijo al respecto, sin embargo dejó claro que las pistas eran todas creaciones que databan hasta tan atrás como 1982 y que hizo lo que hizo porque eran producciones que él creía eran lo suficientemente buenas como para el oído público pero que las disqueras nunca le habrían permitido publicar tanto material.

A lo que quiero llegar con todo esto es a que las nuevas posibilidades de distribución de contenido son una revolución grandísima en el mundo musical. No sólo los artistas nuevos pueden usar esa plataforma, sino que artistas de la talla de Aphex Twin pueden y deberían explorar las oportunidades creativas que van de la mano con la popularización de la Web 2.0; hace veinte años ninguna disquera hubiera publicado un álbum de post-noise ambient death metal de seis horas y media, hoy en día esto está al alcance de un clic que puede dar cualquiera de los 3.2 billones de usuarios que utilizan internet. Cualquiera.

Este es el distópico panorama social de Huxley.