Cómo la MUD y el Vaticano cayeron en la trampa del “diálogo”

La más reciente crisis de la oposición venezolana comenzó el 20 de octubre, cuando tribunales penales de Estados gobernados por el chavismo dictaron medidas que el gobierno utilizó como pretexto para suspender el proceso de convocatoria del referendo revocatorio.

La Mesa de la Unidad Democrática reaccionó contundentemente: convocó una marcha nacional para el 26 de octubre, pidió a la Fuerza Armada que desobedeciera órdenes inconstitucionales y aseguró que la Asamblea Nacional iniciaría un “juicio político” al presidente Nicolás Maduro. El día de la marcha la MUD anunció otra marcha para el 3 de noviembre cuyo destino sería el palacio presidencial. El mensaje era claro: suspendiendo el RR y aplazando las elecciones regionales, el gobierno estaba por primera vez suprimiendo el derecho al voto. La oposición no se quedaría con los brazos cruzados.

Pero la marcha a Miraflores nunca se realizó. Unos días antes, el secretario ejecutivo de la MUD, Chuo Torrealba, anunció sorpresivamente el inicio de un diálogo con el gobierno con la mediación del Vaticano. Todas las acciones anunciadas por la MUD fueron puestas en el congelador para abrirle espacio a las negociaciones. El esfuerzo de mediación también contaría con Unasur y un grupo de ex presidentes pero el Vaticano fue la pieza clave para dar inicio al proceso: sin su participación la MUD no hubiese aceptado iniciar conversaciones en ese momento álgido.

Hasta ahora el diálogo ha avanzado poco o nada. Algunos analistas aseguran que Maduro ha cedido en temas importantes como la independencia del Consejo Nacional Electoral y el respeto a las atribuciones de la AN. Pero considerando la historia y la naturaleza autoritaria del gobierno sería ingenuo no ver estos “avances” — hasta ahora no concretados — con escepticismo.

Más importante aún, el diálogo ha sido tan inútil para la oposición como útil para Maduro. No sólo ayudó al gobierno a disipar la indignación colectiva que causó la suspensión del RR y desmovilizó a la oposición, también creo un ambiente propicio para que el chavismo siguiera recortando libertades.

La reciente decisión de la MUD de reiniciar su esfuerzo de convocatoria del RR puede ser vista como una admisión de este fracaso.

Las probabilidades de que el gobierno ceda con el RR son bajas

La principal traba del diálogo es que la oposición no está dispuesta a negociar el RR y Maduro no está dispuesto a hacerlo. Y la renuencia del gobierno es fácil de entender: ceder con el RR significa perder el poder. Una encuesta reciente de Datanálisis muestra que la aprobación del gobierno cayó al 19.5% en octubre — su nivel más bajo desde 1999.

La crisis que precedió el diálogo es el resultado de esta renuencia. Antes de la suspensión del RR Maduro tenía dos opciones: someterse a un voto que no tenía chance de ganar o suspender las elecciones con el riesgo de provocar una ola de protestas. La segunda opción era riesgosa, como jugar con un yesquero en una pradera seca. Pero Maduro la tomó porque la primera — perder el RR — era aún más riesgosa.

Ahora bien, si Maduro decidió tomar este riesgo para no someterse a un voto, ¿cuán probable es que la presión de un diálogo por sí sola lo obligue a realizar este voto?

Muchos sucumben al pensamiento mágico cuando esperan, contra toda evidencia, que el gobierno ceda el poder por la presión de unas conversaciones. Porque ceder con el RR es ceder el poder y el gobierno, como ha dicho Elías Jaua, “no va a negociar la entrega del poder”.

Las fallas del acuerdo

El 12 de noviembre los mediadores divulgaron un acuerdo de cinco puntos firmado por la MUD y el gobierno. El acuerdo recibió un miríada de críticas, la mayoría justificadas. En el texto la MUD pareciera haber aceptado la mentira propagada por el gobierno del “saboteo” y el “boicot” de la economía como una de las causas de la crisis. La MUD también suscribió un punto sobre la defensa de la Guayana Esequiba que no aporta nada a la resolución de la crisis.

Pero el peor error no fue de forma, como dijeron muchos, sino de fondo. La MUD difundió un comunicado con un versión del acuerdo que no es idéntica al acuerdo original. Por ejemplo, el comunicado dice que

Se logró respeto a la autonomía, constitucionalidad y atribuciones de la Asamblea Nacional

Pero el acuerdo difundido por los mediadores dice

En el campo político, se acordó avanzar en la superación de la situación de desacato de la Asamblea Nacional dictada por el Tribunal Supremo de Justicia. En ese sentido se acordó instar a los poderes públicos competentes a actuar en la resolución de la situación del caso Amazonas en términos perentorios.

No es fácil llegar de lo que dice al acuerdo a lo que dice el comunicado. Ese recorrido es una tarea que la MUD no ha completado y probablemente no va a completar. Asegurar que ya la completó es una muestra de inocente optimismo en el mejor de los casos. En el peor, un engaño.

Amazonas+AN+CNE=Elecciones o RR

La otra falla importante del acuerdo es que no menciona al RR ni la posibilidad de una salida electoral a la crisis. Chuo Torrealba se defiende de esta crítica con una ecuación: Amazonas+AN+CNE=Elecciones o RR.

Poco después de las elecciones legislativas del pasado diciembre, el TSJ ordenó la suspensión de tres diputados opositores del estado Amazonas. Para justificar esta acción, citó supuestas irregularidades en la elección pero la verdadera razón probablemente fue robarle la mayoría calificada a la oposición.

Para no darle al gobierno un pretexto para cuestionar la legitimidad de la AN, los tres diputados aceptaron desincorporarse voluntariamente. Pero el pasado julio la mayoría opositora decidió reincorporarlos. Esta movida motivó una sentencia del TSJ declarando en “desacato” a la AN. Esta acción básicamente dejo sin poderes al cuerpo legislativo.

La MUD dice que como parte del acuerdo el gobierno aceptó repetir las elecciones en Amazonas sólo si los tres diputados son desincorporados. Según Torrealba, volver a ganar estas elecciones — que no deberían repetirse porque la oposición ya las ganó — dejará al TSJ sin un pretexto legal para declarar en “desacato” a la AN, razón por la cual al gobierno no le quedara más camino que respetar al cuerpo legislativo y dejarlo ejercer sus funciones. Este paso, a su vez, permitirá que se conforme un CNE independiente en diciembre, fecha en la que deben ser sustituidos dos de los cinco rectores por el vencimiento de su período. Esta es la secuencia de acciones que ilustra Torrealba con su ecuación.

Pero pensar que solucionar la situación del “desacato” significa que el TSJ respetará las atribuciones de la AN es terriblemente ingenuo. El “desacato” no ha sido la principal herramienta que ha utilizado el gobierno para vaciar de poder a la AN. Antes del desacato el TSJ ya había anulado prácticamente todas las leyes aprobadas por la asamblea. Como ha recordado Jose Ignacio Hernández, “el 82% de las sentencias dictadas por la Sala Constitucional en contra de la Asamblea Nacional, no se han basado en el ‘desacato’”.

Por eso es tan importante señalar las diferencias entre el acuerdo divulgado por los mediadores y la versión del acuerdo divulgada por la MUD. Avanzar en la superación del desacato de la AN a través de la resolución del caso Amazonas no es lo mismo que lograr, como aseguró la MUD, “el respeto a la autonomía, constitucionalidad y atribuciones del Poder Legislativo”. Con ese comunicado, la MUD pretendió vender el acuerdo como algo mucho mejor de lo que en verdad es.

Y algunos intelectuales lo compraron. La profesora Colette Capriles ha dicho sobre el acuerdo que “el gobierno cedió en varios puntos cruciales y la oposición no cedió en nada”. Pero en los puntos importantes — respeto a la AN, independencia del CNE, RR, elecciones — el gobierno no ha cedido nada aún.

Por qué la participación del Vaticano ha sido contraproducente

El brusco cambio de dirección de la MUD después de la suspensión del RR fue mal recibido por la base opositora. Un día, los principales líderes de la MUD hablaban de ruptura del hilo constitucional, enjuiciar a Maduro y una marcha al palacio presidencial. Unos días después, anunciaban la suspensión de estas acciones y el inicio de un diálogo con escasísimas probabilidades de éxito.

Para más los miembros de la MUD no parecían estar en la misma página. Cuando Chuo Torrealba anunció por primera vez el inicio del diálogo, varios líderes importantes de la MUD dijeron que no habían sido consultados sobre este paso tan controversial. Algunos pusieron fechas tope para que el diálogo produjera resultados que luego no respetaron.

¿Por qué la MUD dio este giro cuando las desventajas eran tan obvias? La respuesta es simple: el Vaticano. Para la MUD no era fácil rechazar la mediación del Papa. Algunos analistas como Fernando Mires piensan que la Santa Sede dejó a la MUD sin más opciones que dialogar:

Venezuela es un país católico. Sus cardenales y obispos ejercen una hegemonía que va mucho más allá de lo político. Más todavía: un No al diálogo habría significado para el conjunto de la oposición perder avances alcanzados en el terreno internacional. Ignorantes de los intersticios de la política venezolana, la mayoría de los gobernantes del mundo habría tomado noticia del hecho escueto: “la oposición venezolana dijo No al Papa”.

El punto es válido, pero descarta con demasiada facilidad otras posibles opciones. Por ejemplo, el Vaticano debe haber sostenido conversaciones privadas con ambas partes antes de incorporarse como mediador. ¿Por qué la oposición no expresó en estas conversaciones que la suspensión del RR hacía imposible iniciar las conversaciones? ¿Era tan difícil explicar al Vaticano que el gobierno podría utilizar esas negociaciones como una estrategia dilatoria y que era mejor aplazar unas semanas el inicio de cualquier diálogo?

También se ha podido cancelar la marcha al palacio presidencial — que sí acarreaba un alto riesgo de violencia — pero no la agenda de calle. Entre suspender totalmente las protestas y marchar a Miraflores hay un universo de opciones que han podido discutirse con el Vaticano.

La MUD, pues, ha podido manejar mejor esta situación. Pero el Vaticano tiene su cuota de responsabilidad. El riesgo de que el gobierno utilizara el diálogo como estrategia dilatoria siempre fue alto. La Santa Sede, sin embargo, no parece haber pensado seriamente en esta posibilidad.

No sólo eso: desde que se inició el diálogo el gobierno ha amenazado con encarcelar a líderes opositores; ha prorrogado ilegalmente el Decreto de Emergencia Económica; a través de su control del TSJ, ha prohibido las protestas y reafirmado con dos sentencias su desconocimiento de los poderes de la AN; y ahora dice que la oposición no ha desincorporado a los diputados de Amazonas a pesar de que ya los desincorporó. Pero el Vaticano no ha dicho nada sobre estos abusos. Más aún, el cardenal Baltazar Porras ha caído en falsas equivalencias “pidiendo sinceridad” a ambos lados para avanzar en las negociaciones.

El Vaticano, sin mala intención, ha ayudado a crear un ambiente propicio para que el gobierno siga cerrando espacios de acción democrática. Pidió a la oposición que suspendiera protestas y el juicio político a Maduro mientras se llevan a cabo las negociaciones pero ha reaccionado con extrema prudencia ante los múltiples abusos que ha cometido el gobierno, probablemente porque piensa que un regaño a una sola parte puede poner bajo riesgo su rol como mediador. Ha ayudado inconscientemente a crear una estructura que da espacio a Maduro para seguir abusando pero le cierra el espacio a la oposición para resistirse a estos abusos.

El Vaticano no trata al gobierno mejor que a la oposición. El problema es que en un juego en el que el árbitro no canta las faltas por temor a no ser visto como objetivo, el equipo que comete todas las faltas termina ganando.

Por eso, si el Vaticano no está dispuesto a ponerle freno al gobierno, es mejor que abandone su rol de mediador.

A la MUD nadie la obligó a iniciar un diálogo que hasta ahora ha sido útil para el gobierno e inútil para la oposición. Nadie la obligó a quemar capital político cambiando radicalmente de curso y discurso de un día a otro. Nadie la obligó a firmar un acuerdo contraproducente cuyo único logro ha sido dividir a la oposición y nadie la obligó a exagerar los logros de ese acuerdo. Tampoco fue obligada a escoger una ruta imposible para forzar al gobierno a hacer elecciones.

Pero que Maduro ha utilizado al Vaticano para implementar una estrategia dilatoria que hubiese sido de otra manera difícil de implementar también es una verdad como un templo.

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