Cómo resolver el dilema de la MUD

¿Se puede aprovechar la recolección de firmas para presionar al gobierno?

Ayer asomé mis dudas al respecto, pero creo que descarte demasiado rápido una propuesta interesante. Me di cuenta de mi error leyendo a los analistas optimistas que proponen tratar de superar los nuevos obstáculos que impuso el CNE como ya se superaron otros obstáculos en el pasado.

¿Por qué estos analistas están equivocados?

Prestan poca atención a dos factores:

  1. Cuán difícil es reunir las firmas del 20% de los electores en cada estado.
  2. Qué pasa si la MUD no alcanza esta meta.

Sobre el primer punto, ya cité ayer el caso de Delta Amacuro, donde la oposición debe movilizar al 87% de sus votantes del 6D para alcanzar el 20%.

Pero hay muchos otros datos desoladores. La Unidad de Investigación de Runrunes, por ejemplo, calculó que en cuatro estados no se puede recoger el 20% con el actual número de máquinas, las horas disponibles para firmar, y el promedio diario de electores por captahuellas.

Este cálculo puede ser impreciso. Otros estimados, utilizando cifras más generosas sobre la cantidad diaria de electores por máquina, pueden ser más alentadores.

Pero el ejercicio nos da una idea de la enorme dificultad — sobre todo si se considera que el análisis de Runrunes no incluye problemas como la ubicación de los centros y la intimidación a los votantes durante el proceso de recolección.

Como dice Thaelman Urgelles, no hay que tener mucha imaginación para asumir que el gobierno puede

interponer obstáculos y amenazas a quienes se atrevan a llegarse hasta allá y si aún esa voluntad sigue adelante realizar cortes de luz, fallas de máquina u otros servicios, para lograr que uno o dos estados incumplan el objetivo.

Por eso cualquier análisis debe tomar en cuenta la alta probabilidad de que no se logre recolectar el 20% en cada estado.

¿Qué pasa si no se logra?

La MUD no se va a rendir y abandonar el RR. Va a alegar que el gobierno hizo trampa.

Y esta reacción, por supuesto, va a enfurecer a una parte importante de la oposición. Muchos se van a preguntar para qué entonces la MUD aceptó participar en un proceso amañado que no podía ganar. El liderazgo de la Mesa ya genera desconfianza entre muchos opositores. La confirmación de una derrota anunciada atizará el descontento — descontento que podría ser explotado por facciones dentro de la coalición acentuando las divisiones en un momento clave.

La oposición, pues, no debe correr el riesgo de competir bajo las actuales condiciones.

¿Qué puede hacer entonces?

Si la MUD decide participar, tiene que hacerlo con la seguridad de que va a poder vender los resultados como una victoria. Una manera de lograrlo es haciendo lo que propuso Eugenio Martínez: participar en la recolección pero aclarando que la meta es reunir el 20% a nivel nacional, como lo establece la Constitución (y como lo asomó, además, la rectora Socorro Hernández).

La ventaja de esta propuesta no solo es que le cierra el paso a la posibilidad de una derrota, también que no le cierra el paso a la posibilidad de que se reúna el 20% a nivel estatal.

Por supuesto, nada de esto resuelve el problema de la fecha.

Pero eso no importa: lo más probable es que el CNE no acepte el triunfo de la oposición. Si no acepta el triunfo, mucho menos va a ceder con la fecha.

El asunto es que esta propuesta sería una manera clara y coherente de vincular la recolección de firmas a una demostración de fuerza en la calle. De pedir a la gente que firme y al mismo tiempo rechace las condiciones sin poner en riesgo la unidad ni tener luego que desdoblarse con explicaciones sobre porqué se participó en un juego amañado que prácticamente garantizaba una derrota.

Sería una manera de aprovechar la recolección para movilizar a millones de venezolanos con la esperanza de activar el inicio de una etapa de protestas que lleve a Maduro a la mesa de negociación.

¿Una propuesta ideal? No. ¿Esperanzadora? Tampoco. Pero sí creo que es la que más le hace la vida difícil al gobierno.