El dilema de la MUD

Si el CNE hubiese impuesto condiciones que enmarcaran dentro del ámbito de lo realizable la recolección de las firmas para el Referendo Revocatorio, la decisión de la MUD hubiese sido mucho más fácil.

Con una clara opción de triunfo, probablemente hubiese participado en el proceso, acorralando al gobierno en una esquina en la que no se le hubiese hecho fácil matar el RR.

El problema es que las condiciones del CNE son tan injustas que recolectar las firmas es una meta casi irrealizable. El riesgo de fracasar es demasiado alto.

No solo el CNE está descartando la posibilidad de un referendo este año y exigiendo que se reúnan las firmas del 20% de los electores en cada estado, medida flagrantemente inconstitucional. También anunció que desplegaría un bajísimo número de centros de votación y captahuellas, convenientemente ubicados en lugares fuera del alcance de los votantes opositores — y abiertos al público durante pocas horas cada día del proceso.

Sólo exigir el 20% en cada estado dificulta enormemente la labor de recolección. Pero la tarea se complica aún más si se añaden los otros obstáculos.

Miren, por ejemplo, lo que dice Eugenio Martínez en Prodavinci sobre el caso de Delta Amacuro, sin siquiera hacer mención a cómo la ubicación de las captahuellas y su número podría afectar la recolección en ese estado:

En el caso concreto del 20% el ejemplo más llamativo es que en Delta Amacuro la oposición tenga que movilizar a 87% de los ciudadanos que votaron por la MUD el pasado 6 de diciembre. En aquellas elecciones, 27.087 electores votaron por los candidatos de la oposición y en la recolección de firmas y huellas deberían movilizar, al menos, 23.419 ciudadanos.

¡87%!

La MUD confronta además otro riesgo que limita sus opciones. Así una facción argumente que la meta de recolección es realizable, no es fácil convencer a las otras facciones que, con buenas razones, piensan lo contrario. Hay cursos de acción cuyo potencial divisorio es mayor que el de otros.

El asunto clave, pues, no es si deben aceptar las actuales condiciones. Claro que no se deben aceptar. Es qué acciones deben acompañar esta decisión. Porque olvidarse de la recolección y llamar a una desobediencia civil también es una apuesta riesgosa con escasas probabilidades de éxito. Ese es el gran dilema.

¿Hay alguna manera de vincular la recolección de firmas a una demostración de fuerza en la calle? ¿De participar sin de verdad participar sacando la gente a firmar al mismo tiempo que se rechazan las condiciones? ¿Puede aprovecharse la recolección para movilizar a millones de venezolanos y espolear una gran campaña de desobediencia civil?

Quizá. Pero a mí me cuesta imaginar cómo se desarrollaría semejante evento. Creo que hay una tensión inherente entre pedir a la gente que firme y llamar a protestar. Una le podría restar fuerza y significado a la otra. Después de todo, ¿qué exactamente se consideraría una victoria en materia de firmas?

No veo además ninguna ventaja en facilitar al gobierno la promoción en todos los medios estatales del “fracaso” de la oposición en varios estados. Estas señales mixtas, mezcla de objetivos y falta de foco podrían amainar el ímpetu inicial de una campaña de protestas.

La mejor opción me parece entonces rechazar las condiciones y convocar a otra gran manifestación como la del #1S en la fecha (o fechas) que propuso el CNE para la recolección. Y hacer todo lo posible para que la gente no abandone la calle hasta obtener concesiones del gobierno.

Es una camino cuesta arriba, pero todos los son.