El radicalismo de Podemos

La socialdemocracia no existe

John Carlin publicó en El País un excelente reportaje sobre Podemos. Lo mejor del reportaje es la sección sobre el talento comunicacional del partido y, más específicamente, las incisivas observaciones sobre la narrativa que ha forjado hábilmente Pablo Iglesias para explotar la frustración y el descontento general provocado por la crisis económica y los escándalos de corrupción en España. Sobre esto, luego haré algunos comentarios.

Lo peor es el poco interés de Carlin por el pasado de los miembros de Podemos. Es verdad que el partido se ha arrimado al centro, pero también lo es que hasta hace poco sus miembros pregonaban un izquierdismo radical, abiertamente anticapitalista; un izquierdismo que no reconoce las virtudes del mercado y siente desconfianza por la propiedad privada, que considera un revés el colapso de la Unión Soviética y ve como una farsa la socialdemocracia europea.

¿No tienen derecho a cambiar de opinión los miembros de Podemos? Sí, pero cuando el cambio es tan abrupto nosotros también tenemos derecho a verlo con escepticismo. De hecho, en el reportaje de Carlin hay un párrafo revelador que vindica a los escépticos.

Pero primero, una corta explicación.

Antes de arrimarse al centro los miembros de partido despotricaban a cada rato contra la socialdemocracia europea, como lo ha expresado muchas veces Juan Carlos Monedero, número tres de Podemos:

Los partidos socialistas europeos intentaron construir un socialismo democrático que incorporara el discurso igualitario […]
Pero la socialdemocracia, al jugar dentro de las reglas del capitalismo, no podía sino reproducir los mismos errores: prolongación de la explotación, participación en luchas neocoloniales e imperialistas en busca del excedente internacional, deterioro de la naturaleza, mutación del Estado social y democrático de derecho en un Estado al servicio de los intereses globales de las grandes empresas.

Pero en noviembre Podemos presentó un programa económico que ellos mismos definieron como socialdemócrata, inspirado por los gobiernos escandinavos de centro izquierda.

¿Fue el giro una mera estrategia electoral? Eso parece, a juzgar por lo que Monedero le dice a Carlin:

“Somos conscientes”, abunda Monedero, “de que si no cambiamos la cultura política del país no cambiamos nada”.
¿Cómo se hace eso? “Haciendo que nadie pueda tener impunidad, que se cambien algunas leyes, que los partidos no decidan los puestos judiciales y haya independencia del Poder Judicial”. Entonces, ¿a lo que apunta Podemos, como lo ve Andrés Serrano, es a un capitalismo decente? Monedero se toma un par de segundos antes de responder. “No existe”, dice. “No existe el capitalismo con rostro humano. Si te lo ofrecen te están mintiendo” […] ¿Eso no suena bastante a vieja izquierda? “No. En el momento que vivimos las ideologías son una autoindulgencia”.

¡Qué párrafo! El silencio de Monedero es elocuente; parece el resultado de la tensión entre el genuino desprecio que siente por la socialdemocracia y la necesidad de no decir nada que refuerce la imagen radical que aleja a su partido de los votantes moderados que necesita para ganar; esa misma necesidad que llevó a Podemos a arrimarse al centro y definirse como socialdemócrata cuando presentó su plan económico. Al parecer Monedero trata de no decir lo que en verdad opina, pero al final ¡no se resiste! No puede sino expresar lo que piensa: “No existe el capitalismo con rostro humano”. Es decir, la socialdemocracia es una farsa. Y, cuando Carlin le pregunta si eso no es vieja izquierda (que lo es), él esquiva la pregunta con una respuesta gaseosa que, si me preguntan a mí, significa que, por motivos electorales, Podemos no puede darse el lujo de ser transparente sobre su radicalismo como lo era antes.

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