El talento de Podemos

Pablo Iglesias es más hábil de lo que usted piensa

Lo mejor del reportaje de John Carlin sobre Podemos son sus observaciones sobre La Narrativa que ha fraguado Pablo Iglesias para convertir a su partido en una “marca ganadora”. Es un discurso que deniega el eje horizontal que divide al mundo entre la izquierda y la derecha y enfoca la mirada en el eje vertical que separa a los de abajo de los arriba; a los humildes de los privilegiados; al pueblo de la casta. Como dice Carlin:

Se presentan al imaginario colectivo como los caballeros de la Mesa Redonda que, junto al pueblo enardecido, pretenden atacar, despoblar y ocupar el castillo negro donde se atrinchera la despiadada casta.

Podemos no participa en una batalla ideológica sino lidera una cruzada moral contra las elites poderosas y corruptas. Sostiene que no se trata de una lucha entre la izquierda y la derecha sino entre el pueblo decente y los sinvergüenzas que lo gobiernan. Y en esa visión moral y no en la fortaleza de sus ideas es donde radica el poder seductor de La Narrativa. En ésta no hay distinción entre la corrupción y las simples malas decisiones, aquellas que se toman en base a ideas equivocadas. Los políticos toman malas decisiones no por ignorancia o incompetencia sino porque son corruptos; porque esas decisiones que afectan al pueblo los benefician a ellos. Carlin dice que Podemos apela a nociones atávicas de la lucha del bien contra el mal. Y, en parte por esta razón, despierta entusiasmo; azuza nuestro lado soñador e idealista. Si sacamos a la casta del poder, podemos cambiar la manera de hacer política.

La Narrativa, sin embargo, persigue también otros objetivos.

Podemos es un partido de izquierda radical y la amplia mayoría de los españoles se ubica ideológicamente en el centro y el centro izquierda. En un país de centristas los radicales tienen severas limitaciones; por eso a Podemos le conviene cambiar el tablero ideológico donde se enfrentan la izquierda y la derecha por el tablero donde el pueblo lucha contra los ricos y poderosos. Para la mayoría de los españoles es difícil identificarse con el pequeño nicho de la izquierda radical pero no es difícil identificarse con esa amplia categoría de desfavorecidos que, gracias a la corrupción pero sobre todo a la profunda crisis económica, dejó de confiar en los partidos tradicionales. Podemos busca mover al electorado hacia su posición replanteando el debate en otros términos. O “desideologizando” su mensaje.

Pero esto no quiere decir que Podemos ha dejado de mover sus piezas en el viejo tablero ideológico donde siguen jugando los otros partidos. Que Iglesias intente reemplazar este tablero por el otro no significa que lo haya abandonado. En los últimos meses Podemos se ha arrimado considerablemente al centro. Iglesias antes hablaba del impago de la deuda y ahora propone una “ordenada reestructuración”. Antes hablaba de la salida del euro y ahora afirma y reafirma su compromiso con Europa. Además ha moderado sus propuestas más populistas como la renta básica y arropado al partido bajo el manto de la socialdemocracia. Del viejo discurso radical, anticapitalista, ya no queda mucho.

Y no solo eso: Iglesias busca ampliar aún más su alcance electoral haciendo guiños a los tradicionales votantes de derecha con halagos a las Fuerzas Armadas, la Iglesia, y la adopción de la palabra “Patria” en sus discursos. Por un lado busca reemplazar el viejo tablero por un nuevo. Por el otro, no se deja encasillar ideológicamente en el viejo tablero mientras éste exista.

“Me molesta enormemente perder”, ha dicho Iglesias. “No lo soporto. Ni a las chapas me gusta perder. Y llevo muchos años, con muchos compañeros…dedicándonos, en toda nuestra actividad política, a pensar cómo podemos ganar”.

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El radicalismo de Podemos

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