La última batalla de Teodoro Petkoff

En la etapa final de su vida Teodoro no logró grandes cosas pero se murió intentándolas.

La vida de Petkoff tiene varios capítulos fascinantes. El último, que se inició cuando Teodoro fundó Tal Cual y terminó con su retiró en 2012 o 2013, fue uno de los más especiales.

En esos años, como Teodoro mismo lo admitió en una entrevista, su influencia política llegó a un nivel que nunca antes había alcanzado y le dio un poder — que no suele tener un activista o un escritor — para timonear a las fuerzas de oposición.

El pico de su influencia fue entre 2006 y 2012, cuando los principales partidos opositores decidieron reagruparse alrededor de una agenda común: frenar las ambiciones totalitarias de Hugo Chávez y sacarlo del poder mediante la participación electoral y la lucha por reconquistar espacios institucionales.

Nadie articuló y defendió mejor que Petkoff el argumento a favor de la participación — un argumento que fue puliendo y refinando en sus editoriales de Tal Cual y formuló luego en El chavismo como problema.

Pero esta estrategia, hay que decirlo, no fue suficiente para derrotar a Chávez y hoy día, aunque muchos destacan el rol de Petkoff durante este período, pocos — ni siquiera los teodoristas más acérrimos— siguen defendiendo su tesis.

Por supuesto, las circunstancias cambiaron. Entre 2006 y 2012 las elecciones no eran una total pantomima. En ese entonces las condiciones electorales ya eran tremendamente injustas pero mucho mejores de lo que son hoy.

Pero podría decirse que era obvio que Chávez jamás iba a entregar el poder. Y que era inevitable que la pérdida de popularidad del chavismo acarrearía más represión y más autoritarismo.

Podría decirse que la democracia fue en esos años un lujo que podía darse un gobierno con un gruesa chequera para comprar apoyos y que ya para esa época el chavismo había cruzado una línea de no retorno donde los riesgos de abandonar el poder — cárcel, persecución, exilio — eran demasiado altos.

Podría decirse que el cierre de una salida electoral era previsible y que Teodoro, como dice mi amigo Martínez Meucci, subestimó al chavismo.

Pero ¿sería esto justo? ¿Se equivocó Teodoro en el último capítulo de su vida?

II.

Yo admiraba a Teodoro por otras razones que no tienen que ver con las respuestas a estas preguntas.

En el trato personal Petkoff tenía fama de chocante. Pero en la lucha contra Chávez — y esto se ha dicho poco — fue pragmático y conciliador.

Siempre actuó sabiendo que sin unidad la oposición no podía triunfar y por eso se cuidaba de no satanizar a los actores de la MUD con quienes tenía diferencias pero consideraba necesarios para derrotar al régimen. Por eso no asumía posiciones innecesariamente divisorias ni caía en el error de atribuir a la malicia o a las oscuras motivaciones lo que la estupidez explica suficientemente.

Más de una vez escribió editoriales aplaudiendo el coraje de María Corina, Ledezma y otros políticos con los que tenía pocas afinidades ideológicas pero compartía un fuerte compromiso por la defensa de la democracia. En 2012 no apoyó a Capriles en las primarias pero luego lo hizo con pasión en la carrera presidencial.

Teodoro se consideraba además parte del juego político. No opinaba como un espectador sino como uno de los jugadores del equipo. Para Teodoro su trabajo periodístico era una extensión de su activismo. Por eso dijo hasta el final de su vida que él era ante todo un político y por eso la etiqueta “periodista” le queda demasiado pequeña. Petkoff no estaba en la tribuna criticando a los demás y molestándose porque nadie le hacía caso sino dentro del campo haciendo todo lo posible para que su equipo ganara.

Una de las cualidades que hacían Teodoro único — y lo separaba de un Vargas Llosa, un Krauze u otros intelectuales con una enorme influencia en sus países — era esa incapacidad para divorciar las ideas y los argumentos del esfuerzo para transformarlos en acción.

III.

Pero volviendo al tema del comienzo, ¿se equivocó Petkoff promoviendo la participación?

Para mí las ventajas de participar en las regionales de 2017 y las presidenciales de este año eran menores a las desventajas y todavía creo que los principales partidos hicieron bien no participando en la última elección.

Pero recordemos la situación en 2006, cuando la oposición comenzó a dar un giro en su estrategia.

En 2004 y 2005 la oposición cometió dos errores. El primero fue en 2004, cuando el oficialismo logró capturar 21 de las 23 gobernaciones gracias al abstencionismo opositor. El segundo fue en 2005, cuando la oposición decidió boicotear las elecciones legislativas, cediéndole la totalidad del parlamento al oficialismo. A partir de ese momento, y hasta las elecciones regionales de 2008, Chávez confrontó poca resistencia institucional en el proceso gradual de destrucción de las instituciones democráticas.

Pero la oposición dio un giro en su estrategia y en 2007 derrotó con el voto una reforma constitucional que hubiese acelerado la marcha autoritaria del régimen. En las elecciones de 2008, a pesar de que competía bajo condiciones electorales grotescamente injustas, ganó varias de las gobernaciones más importantes del país. En 2010 ganó más de un tercio de los escaños de la Asamblea Nacional y la mayoría del voto popular.

Es cierto que Chávez luego aprobó por decreto o a través de su mayoría parlamentaria muchas de las reformas que fueron rechazadas en 2007 y que despojó de poderes y recursos a gobernadores y alcaldes electos en 2008. Pero también es cierto que estas victorias ayudaron a la oposición a copar espacios reales para frenar la marcha autoritaria del chavismo y la pusieron en una mejor posición para disputarle el poder en las elecciones presidenciales de 2012 y 2013.

¿Sirvió de algo esa participación si no se logró el objetivo final?

Esta no es la pregunta correcta. La pregunta correcta es si la oposición tenía en ese entonces una mejor opción.

Una estrategia de confrontación frontal y desobediencia civil era inviable durante esos años. Si durante las protestas de 2017, con un gobierno impopular, el apoyo casi unánime de la comunidad internacional y una economía en ruinas, la oposición no logró forzar una transición, ¿lo hubiese podido hacer cuando el gobierno era popular, contaba con el apoyo de la mayoría de los países de la región y los vientos de la economía soplaban fuertemente a su favor?

La mejor opción en ese entonces era resistir y frenar los abusos del gobierno, seguir desnudando su autoritarismo y sumar apoyos entre los venezolanos y en la comunidad internacional.

Es una quimera pensar que se podía lograr en 2007 o 2008 lo que no se pudo lograr diez años después bajo circunstancias muchísimo menos favorables para el gobierno.

Es verdad que la participación no llevó a una transición y que dentro del marco de estas estrategia quizá se pudieron hacer algunas cosas mucho mejor. Pero se me hace difícil imaginar una estrategia distinta que hubiese obtenido mejores resultados.