Lecciones de Leonardo

Muestra de la curiosidad de Leonardo da Vinci son las listas de cosas-por-hacer que apuntaba en sus cuadernos. Walter Isaacson describe una de ellas:

“The measurement and its suburbs,” is the first entry. This has a practical purpose, as revealed by an item later in the list: “Draw Milan.” Other show him relentlessly seeking out people whose brains he could pick: “Get the master of arithmetic to how you how to square a triangle….Ask Giannino the Bombardier about how the tower of Ferrara is walled….Ask Benedetto Protinari by what mean they walk on ice in Flanders….Get a master of hydraulics to tell you how to repair a lock, canal and mill in the Lombard manner….Get the measurement of the sun promised me by Maestro Giovanni Franceses, the Frenchman.

Terminé hace un tiempo el libro de Isaacson sobre la vida de Leonardo. La biografía es fascinante en gran parte porque Leonardo era una persona fascinante, con un amplio abanico de pasiones.

El mismo hombre que pintó La Mona Lisa y La dama del armiño pasó años diseccionando cadáveres para entender mejor cómo funcionaba y de qué estaba hecho el cuerpo humano. El mismo que dedicó años a estudiar el vuelo de los pájaros y trató de diseñar máquinas para volar en el siglo XV llenó cuadernos con observaciones y hermosos dibujos sobre corrientes, remolinos, burbujas y otras transformaciones del agua en movimiento.

Al final del libro, Isaacson dice que la vida de Leonardo nos deja muchas lecciones y enumera algunas de ellas. Con este espíritu, me gustaría hacer un pequeño aporte.

Aprender como juego

Jugar para un niño es un placer. Si el juego no es espontáneo y placentero deja de ser juego. El juego además es voluntario y no tiene una función o una meta además del placer mismo de jugar.

Aprender no es lo mismo que jugar pero para Leonardo aprender tenía mucho de juego. Invirtió mucho tiempo aprendiendo cosas que no le sirvieron para nada, solo por el placer de satisfacer su curiosidad.

Por ejemplo, en un cuaderno apuntó 160 fórmulas para cuadrar un círculo, cálculos que Kenneth Clark, reputado historiador del arte, calificó como una pérdida de tiempo porque no tienen valor para los matemáticos ni para los artistas.

Isaacson cita a Clark lamentando esta falta de foco de Leonardo:

One day he could be deciding in the form of the choirs stalls in the Duomo; another, acting as military engineer in the war against Venice; another, arranging pageants for the entry of Louis XII into Milan….It was a variety of employment which Leonardo enjoyed, but which left posterity the poorer.

Incluso cuando aprendía algo con un propósito específico podía olvidarse rápidamente del propósito inicial. Para mejorar como pintor decidió aprender sobre anatomía y óptica. Esos intereses no tardaron en convertirse en pasiones independientes que perseguía más allá de su utilidad artística.

Leonardo además nunca mostró mucho interés en publicar. Aprender parecía interesarle mucho más que invertir tiempo ordenando sus notas de una forma que pudieran ser divulgadas. Como escribe Isaacson, esto quizá era una virtud pero también un defecto:

The trove of treatises that he left unpublished testifies to the unusual nature of what motivated him. He wanted to accumulate knowledge for its own sake, and for his own personal joy, rather than out of desire to make a public an for himself as a scholar or to be part of the progress of history….As Leonardo scholar Charles Hope has pointed out, “He had no real understanding of the way in which the growth of knowledge was a cumulative and collaborative progress”.

El proceso de aprendizaje no puede ser tan espontáneo, caótico y desenfocado como el juego de los niños. Pero Leonardo nos recuerda la importancia de alcanzar un equilibrio entre los elementos más y menos divertidos de este proceso. Su secreto no era tanto su disciplina sino su habilidad para perderse en una empresa con el mismo placer con que los niños se pierden en un juego.

Divertirse aprendiendo

En su lista de lecciones, Isaacson dice que Leonardo nos recuerda la importancia de ser curioso. Pero ¿necesitamos leer su libro para aprender esta lección?

A mí la vida de Leonardo me enseñó sobre la importancia de dos cosas más específicas.

Primero, una manera de divertirse aprendiendo es descubrir cosas por nuestra cuenta, haciendo nuestros propios experimentos y saliendo a observar con nuestros propios ojos. Complementar lo que aprendemos leyendo con este tipo de contacto más “directo” con el mundo.

En el libro de Isaacson hay muchas anécdotas que ilustran este punto, además de las ya mencionadas visitas nocturnas a la morgue para diseccionar cadáveres.

A Leonardo, como es obvio en sus cuadros, le interesaban lo gestos y las expresiones de las personas y sus posibles significados. Ese interés lo llevaba a visitar lugares públicos para observar a la gente y hacer dibujos y anotaciones. También pasó muchas horas observando el vuelo de los pájaros y escudriñando fósiles y analizando cómo la luz rebota en diferentes superficies y recorriendo ciudades para hacer hermosos mapas.

Hacia el final de su vida quiso averiguar porqué el cielo es azul y se embarcó en una serie de experimentos, uno de ellos descrito maravillosamente en uno de sus cuadernos:

Let smoke be made out of small quantity of dry wood, and let the solar rays percuss this smoke; and behind this smoke place a piece of black velvet which is not exposed to the sun, and you will see that all the smoke between the eye and the darkness of the velvet shows itself to be of a very fine blue color.

La segunda lección que me dejó Leonardo es cómo aprender cosas nuevas, sobre las que no sabemos casi nada, renueva nuestras energías, atiza y expande nuestra curiosidad y con frecuencia enriquece las áreas de conocimiento a las que dedicamos o hemos dedicado la mayor parte de nuestro tiempo. (Quizá la sección más fascinante de la biografía de Isaacson es cómo los estudios de óptica y anatomía de Leonardo fueron claves para pintar la sonrisa de La Mona Lisa).

Todos tenemos curiosidad sobre una diversidad de temas. En mi caso hay muchos obvios porque están más o menos relacionados con mi vocación. Pero hay otros menos obvios.

Dedicar tiempo a aprender sistemáticamente sobre temas que no conozco y tratar de conectarlos con los que conozco es muy estimulante. Son actividades que hago con un enorme gusto y que en algunos casos han tenido un impacto considerable en mis principales ocupaciones.

También me han hecho descubrir que, al menos en mi caso, hay una fuerte correlación entre la variedad y la vitalidad.

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