Nuevos inquisidores

Ya escribí sobre el comunicado de la MUD desligándose de la marcha convocada por Leopoldo López, pero creo que todavía quedan cosas por decir.

En primer lugar, el argumento de los defensores del comunicado no es sobre sustancia sino procedimiento: Leopoldo López ha debido consultar con la oposición antes de convocar la marcha.

Pero en este argumento, que es mezquinamente correcto (hubiese sido mejor coordinar con los demás), hay algo de hipocresía y — como dice Alfredo Meza — preciosismo. La MUD no había sido nunca antes tan sensible a la convocatoria de una marcha. De hecho, otros partidos han hecho convocatorias inconsultas sin causar revuelo. Es verdad que la marcha del sábado fue la más grande desde las protestas del año pasado, algo que no se podía saber a priori, pero igual: Ahora se está inflando la importancia de procedimientos que antes no preocupaban a nadie.

Los críticos de López, además, no han sido ellos mismos tan acuciosos con los procedimientos. Ahora resulta que el comunicado fue redactado y divulgado sin que se consultara con buena parte la unidad opositora, lo cual hizo que Copei, Proyecto Venezuela, Alianza Bravo Pueblo y Causa R se desmarcaran públicamente de éste. Por supuesto, esta contradicción no ha sido explicada por el grupo de intelectuales que, como jueces eclesiásticos, se han dedicado a castigar a los herejes que osan a cuestionar cualquier acción de la MUD — o, mejor dicho, del tándem Acción Democrática — Primero Justicia.

En segundo lugar, sorprende la falta de empatía.

Hace poco hojeé un libro del fotógrafo Vasco Szinetar y Herman Sifontes, el filántropo y ejecutivo de Econoinvest que pasó varios años injustamente encarcelado. Desde hace años Vasco se ha dedicado a tomarse fotos con personajes famosos frente al espejo. En el libro, un proyecto personal de Herman, aparecen fotos frente al espejo de sus amigos y él antes, durante y después de sus años en la cárcel.

Es difícil no sentir pesadumbre cuando uno ve el gradual y sutil cambio que experimentan durante el cautiverio los rostros de Sifontes y sus colegas de Econoinvest. Más que un cambio físico, uno percibe un cambio espiritual que inevitablemente termina manifestándose en la mirada y la expresión de los presos. Es como si una insondable oscuridad poco a poco se fuese apoderando de ellos, despojando de sus ojos cualquier viso o brillo de vitalidad y esperanza. Las fotos son un desgarrador testamento del infierno que estaban atravesando.

Fue probablemente en estas condiciones que Leopoldo López hizo su llamado. Pero ese contexto no parece importar a muchos, que critican al líder de Voluntad Popular desestimando su condición de víctima y asumiendo que sólo su ambición y egoísmo — y no, por ejemplo, su desesperación — guía ahora su comportamiento.

La grave falta de no haber concertado con sus aliados pesa más que la solidaridad. Castigar su acción con ese comunicado es más importante que darle un espaldarazo a él y al resto de los presos políticos en este momento de dificultad.

¿La justificación? Un argumento de “procedimiento” que, como dije, se desmenuza con el tacto.