¿Podrá el logro más importante de Obama sobrevivir a Trump?

Para justificar el plan de derogar y reemplazar Obamacare, los congresistas republicanos señalan los aspectos más impopulares de la reforma sanitaria: la falta de cobertura universal y el aumento de la primas y deducibles.

Pero cuando les preguntan si van a mantener la cobertura actual y hacer los seguros más asequibles, responden con evasivas o no responden. ¿La razón? No hay manera de solucionar los problemas de Obamacare sin involucrar más al Estado y los republicanos no quieren hacer eso sino lo opuesto. Por eso todas las propuestas que han asomado reducen la cobertura. Las evasivas resultan de la tensión entre el miedo a espantar a los votantes y su inflexibilidad ideológica. Y esta tensión podría dividirlos en el Congreso y salvar el logro más importante de Obama.

Pero primero retrocedamos un poco. Para ampliar la cobertura médica en Estados Unidos, Obamacare se vale de tres elementos que muchos economistas comparan con un taburete de tres patas en el que cada pata cumple una labor esencial para que el sistema no colapse.

En primer lugar, la reforma prohibe a las aseguradoras privadas rechazar a personas con condiciones preexistentes — gente que ya tiene problemas de salud.

Esta prohibición es popular, incluso entre republicanos. Pero es problemática porque las personas saludables normalmente no compran seguros. Esto deja a las aseguradoras con un grupo de clientes de alto riesgo con elevados costos médicos que sólo un aumento de las primas puede cubrir. Mientras más suben la primas, más personas saludables abandonan el seguro o no lo compran, elevando aún más las primas.

Para evitar este “espiral de la muerte”, Obamacare impone un “mandato individual” que cobra una multa a los que no compran seguro y de ese modo promueve la inclusión de un número suficientemente alto de personas saludables que mantengan las primas bajo control.

Pero ¿qué pasa con las personas que no pueden pagar un seguro? El Estado tiene que ayudarlas. Por eso la tercera pata de Obamacare son los subsidios para cubrir parte de la prima de los ciudadanos con bajos ingresos.

Obamacare abarca otros aspectos, incluyendo reformas para reducir la inflación en los costos médicos y una expansión de Medicaid, un programa público dirigido a los más pobres. Pero la idea central — que proviene de un think tank conservador y Mitt Romney implementó con éxito en 2006 como gobernador de Massachussetts — es la transformación del mercado de seguros individuales a través de la prohibición, el mandato y los subsidios.

La reforma ha sido un éxito. Más de 20 millones de personas que antes no tenían seguro ahora lo tienen. La tasa de no asegurados está en su punto más bajo en la historia y encuestas revelan que entre los beneficiados la mayoría está satisfecha con su cobertura. Más aún: el aumento en los costos médicos ha sido menor desde que se aprobó la reforma. Sin Obamacare, el Estado hubiese gastado más en asistencia sanitaria.

Por supuesto, la reforma no es perfecta. Todavía hay millones de personas sin seguro y casi la mitad de los beneficiarios se quejan de los altos deducibles. En algunos estados no se ha logrado inscribir a suficientes personas saludables a pesar del mandato, lo cual ha llevado a que algunas aseguradoras suban las primas o se retiren.

Estos problemas tienen solución. Obama, por ejemplo, ha propuesto aumentar los subsidios y añadir al sistema un seguro médico patrocinado por el Estado — la llamada “opción pública” — para aquellos que no pueden pagar un seguro privado.

El problema es que los republicanos se niegan a considerar estas opciones porque lo que en realidad no les gusta de Obamacare no es la falta de cobertura y las altas primas (problemas que sus propuestas agudizan) sino los impuestos, las regulaciones y la intrusión del Estado en el mercado privado de seguros (aspectos que sus propuestas sí abordan). Sus críticas a Obamacare son radicalmente distintas a las del público pero ellos actúan como si fueran las mismas por conveniencia política.

Todo esto, ahora que ganaron la presidencia y mayorías en el Congreso, los ha puesto en una situación difícil. Si quieren derogar la reforma y reemplazarla con un sistema que preserve la actual cobertura y reduzca las primas, tienen que hacer algo más o menos similar a Obamacare o un sistema de pagador único. De lo contrario, deben asumir el alto costo político de despojar a millones de sus seguros y exacerbar los problemas de las primas y deducibles.

Mediante una reciente orden ejecutiva, Trump envió una señal de que quizá está dispuesto a asumir este costo. Si los republicanos no se dividen y la orden precede acciones más concretas del Congreso, muchos estadounidense se enterarán pronto de que han sido embaucados y perderán su cobertura.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Alejandro Tarre’s story.