Por qué es simplista separar la abstención del fraude

¿Cuál fue el principal problema de la oposición el pasado 15O? Para muchos la respuesta es la oposición misma: los votantes que, azuzados por líderes irresponsables que promovieron un boicot como el de 2005, decidieron suicidarse a través de la abstención.

Si uno ve bien, sin embargo, el perímetro del error que señalan es más estrecho. En comparación a las pasadas regionales la abstención fue baja. El problema no fue entonces la abstención con mayúscula sino que la participación no fue tan alta como la de las elecciones parlamentarias de 2015.

A los votantes opositores, víctimas de un colapso social y económico sin precedentes en la historia de América Latina, se le reclama que no tuvieron un desempeño estelar.

Y, como si fuera poco, se les pide que acepten dos dudosas proposiciones:

I. ¿Se puede separar la abstención del fraude?

En una democracia es altamente improbable que un gobierno con un 20% de popularidad, responsable de un colapso del PIB per cápita de casi el 40%, obtenga una contundente victoria electoral.

Pero Venezuela no es una democracia. En nuestro país hay un sistema político que hace posible esta anomalía.

El control casi absoluto del partido de gobierno sobre las instituciones del Estado le permite manipular las condiciones electorales a su favor. Pero le permite llevar a cabo otro tipo de acciones que también tienen un impacto en el voto.

La fecha de las regionales, por ejemplo, fue escogida hábilmente por la dictadura para dividir a la oposición. La fraudulenta ANC convocó ilegalmente el proceso electoral para dividir a la oposición. El CNE se subordinó a la ANC para dividir a la oposición. La MUD fue infiltrada para deslegitimar a su liderazgo y profundizar las divisiones de la oposición. La manera como se ordenaron estos abusos en el tiempo, imposible de imaginar en una democracia, tuvo como objetivo dividir a la oposición y promover la abstención.

No es una casualidad que las regionales se convocaron casi inmediatamente después del fraude constituyente, cuando surgieron pruebas de que el gobierno había fabricado millones de votos. No es una casualidad que se le dio muy poco tiempo a la oposición para decidir si iba a participar, haciendo difícil que se consultara la decisión con la base. En muchos análisis se ve una inconsciente normalización de estas arbitrariedades.

Es verdad que la oposición ha podido manejar mejor esta situación, tomando medidas para minimizar los riesgos de división o no dejándose arrastrar a un rincón donde era excesivamente vulnerable a las maniobras de la dictadura. Pero esto no quiere decir que podemos desligar la abstención de estos y otros abusos potencialmente decisivos cuyos efectos no se pueden medir contrastando los resultados anunciados por el CNE con las actas de votación. La manera como la dictadura utiliza todas las palancas de su poder para dividir a la oposición y desmovilizarla es parte del fraude. Es una poderosa ventaja que tiene el gobierno que no tiene la MUD.

Pero ¿es esto nuevo? ¿No era la situación similar en las parlamentarias de 2015 y en otros procesos electorales? Hay muchas razones para pensar que la situación ahora es mucho peor. La dictadura se ha vuelto más agresiva en sus esfuerzos para dividir y desarticular a la MUD y estos esfuerzos han continuado después del 15O. Ya quedan pocas dudas, por ejemplo, de que el gobierno lleva tiempo utilizando a algunos miembros y partidos de la MUD como instrumentos para corroer el vínculo de confianza entre el liderazgo opositor y su base. La manera como se está mangoneando ahora a Yon Goicoechea para este propósito es particularmente vil.

En otras categorías de abuso, el chavismo también se ha vuelto más perverso. Sin un Carnet de la Patria, por ejemplo, la gente no tiene acceso a los CLAPS. Este carnet muestra si una persona votó, lo cual le da al gobierno el poder de condicionar el acceso a alimentos a la participación electoral. Las implicaciones ponen los pelos de punta. El PSUV podría estar explotando el hambre para forzar a millones a votar por el partido que los llevó a esta situación de hambre.

Es muy difícil, sino imposible, medir el impacto de estos abusos. La orquestación del anuncio de las regionales con la instalación de la ANC es solo un ejemplo entre muchos. Pero que no podamos probar que el 15O fue mucho peor que las parlamentarias no debe llevarnos a concluir que el nivel de abuso fue más o menos similar. Porque lo cierto es que eso tampoco lo podemos probar. Asumir que fue similar es tan arbitrario y probablemente más irresponsable que asumir que fue peor.

II. ¿Sería la realidad muy distinta con más votos?

Es ingenuo pensar que hoy la MUD tendría 15 o más gobernaciones si más gente hubiese salido a votar.

Y una prueba es el mismo 15O. La oposición obtuvo apenas seis de las 23 gobernaciones y la dictadura ya le quitó dos de esas seis, Bolívar y Zulia. Casi la mitad.

No solo eso: Maduro nombró protectores en los cuatro estados restantes, las despojó de competencias e intervino sus policías.

Maduro, pues, no se conformó con forjar un sistema que le permitió a un gobierno ampliamente rechazado obtener 17 de las 23 gobernaciones. Él quiere ganar más estados.

Sabiendo esto y sabiendo que el gobierno es capaz de fabricar votos de la nada como lo hizo el 30J, ¿no podemos entonces asumir que con más votos opositores el resultado no habría sido radicalmente distinto? Por ejemplo, ¿no era capaz el gobierno de hacer en más estados lo que hicieron en Bolívar y Zulia?

Sugerir que el reto se limita a aumentar la participación es descartar convenientemente todo lo que ha ocurrido durante los últimos dos años, desde la suspensión del RR y la disolución de facto de la AN al fraude de la ANC y la disposición de la dictadura a asesinar a más de cien personas antes que ceder un milímetro de poder. Es descartar lo que ha ocurrido después de las elecciones, incluyendo no solo los abusos ya mencionados, sino también la clara intención de descabezar a Voluntad Popular y Primero Justicia.

El gobierno tiene un rango de opciones en cada elección que se amplió significativamente con el fraude del 30J; un rango que puede estirar y encoger como un acordeón para cerrarle el espacio a la oposición y ceder solo hasta el punto que desea ceder. Su estrategia es hacer cada vez más difícil que se cuelen por el sistema victorias opositoras. Las que logren colarse, si son consideradas un peligro, pueden ser anuladas inmediatamente con otros métodos como los utilizados en Bolívar, Zulia y la ANC.

“Hubo un momento en que Cuba se convirtió en Cuba”, escribió hace poco Álvaro Vargas Llosa en un artículo sobre el colapso de la MUD. Nosotros podríamos estar cruzando esa línea mientras muchos se dedican a buscar maneras creativas de demostrar que la situación actual es culpa de los opositores que decidieron no votar.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.