Por qué la comunidad internacional debe evitar distracciones y concentrarse en el RR

El polvo que ha levantado el viejo debate sobre el “diálogo” ha nublado una discusión necesaria sobre la estrategia de los mediadores internacionales y Unasur. Los ex presidentes José Luis Rodríguez Zapatero, Martín Torrijos y Leonel Fernández han promovido una negociación que privilegie no necesariamente la búsqueda de una salida política a la crisis, sino de un consenso para implementar medidas económicas.

Como informa El País,

La prioridad de los ex presidentes es tratar de frenar la crisis económica y humanitaria que vive Venezuela. La preocupación más apremiante es frenar el desabastecimiento.

Y más adelante:

“Lo que no puede ser es que la batalla del revocatorio nuble la vista sobre el abismo económico, porque si no nadie va a ser capaz de diseñar qué va a pasar después”, recalcan varias personas próximas a los mediadores.

No podemos, pues, obsesionarnos con una salida política improbable como el RR cuando Venezuela está atravesando una crisis humanitaria. Se deben concentrar los esfuerzos en encontrar una salida económica; presionar al gobierno para que implemente un programa de ajuste.

¿Tienen razón?

La propuesta suena razonable. Después de todo, las probabilidades de que el gobierno logre aplazar el RR son altas. Y, si logra aplazarlo más allá de 2016, la ley dice que, si los votantes deciden revocar al presidente, el vicepresidente asume el poder durante el resto del período. Conclusión: la salida política a la crisis podría estar lejos. Mientras tanto, los venezolanos pasan hambre. ¿No es entonces sensato concentrar los esfuerzos en cambiar las políticas económicas en vez de buscar una solución política?

No, no lo es. Como ya han dicho muchos, la solución a la crisis económica ya es inseparable de un cambio político. En primer lugar, no hay señal alguna de un desplazamiento en el equilibrio de fuerzas dentro del chavismo que hasta ahora ha bloqueado la implementación de políticas económicas racionales. En cualquier país normal una crisis como la que atraviesa Venezuela hubiese ya forzado un cambio de dirección. Pero en nuestro país existe una férrea estructura de incentivos tan perversa como inamovible que ha logrado mantener el statu quo a pesar del colapso.

En segundo lugar, cualquier programa de ajustes serio como el que necesita ahora Venezuela requiere de un componente que el gobierno no tiene y no va a tener: credibilidad. Como dice @Econ_Vzla,

El problema de fondo es que en materia de medidas de ajuste y estabilización de una economía sometida a fuertes distorsiones como la venezolana, un programa que se precie de ser de “ajuste” y de “estabilización” debe contener medidas que no solo intenten la corrección de los desequilibrios existentes, sino que al mismo tiempo pongan sobre la mesa los elementos que indiquen, de la manera más convincente posible, que esa corrección será sostenible en el tiempo.
Si uno revisa la historia de los ajustes exitosos de nuestra región…estos no se limitaban al anuncio de correctivos –una devaluación, por ejemplo-, sino que abundaban en detalles sobre temas como cambios permanentes en la estructura de gastos/subsidios/ingresos fiscales; ponían especial énfasis en cambios institucionalizados en la manera de diseñar y gestionar la política económica; identificaban con detalle las fuentes ya acordadas de financiamiento futuro, y; hacían clara prospectiva de las fuentes del crecimiento económico futuro que daría sustento al ajuste. El ejercicio iba generalmente precedido, hay que decirlo, de un cambio total en la nómina de responsables de implementar la reorientación de las políticas económicas.
¿Es este el caso del ajuste rojo? La respuesta es dolorosamente obvia.

Pero así esta respuesta sea obvia no hace falta convencer a nadie de que lo es. Enzarzarse en este debate es innecesario porque el gobierno ya ha manifestado que no está interesado en un programa serio de ajustes. Como revela el WSJ,

A committee of economists assembled by the Union of South American Nations, or Unasur, a bloc close to Venezuela, recently submitted proposals for economic reforms to Mr. Maduro’s government to correct the country’s severe imbalances. According to two people familiar with the plan, the committee recommended unifying the country’s complex, two-tiered foreign-exchange regime, and reducing subsidies.
But Mr. Maduro’s economic advisers didn’t adopt the reforms. The people familiar with the Unasur proposal said economic advisers close to Mr. Maduro, who favor a strong interventionist role by the state in the economy, won out over those who advocated a modest economic liberalization.

Maduro, pues, le cerró completamente el paso a la controversial estrategia de los mediadores y Unasur.

Recapitulemos entonces: ante la dificultad de encontrar una salida política viable, los mediadores decidieron enfocar el diálogo en buscar un “consenso” — eufemismo si los hay — para implementar medidas económicas para paliar la crisis. Pero este enfoque no sólo es equivocado sino además inviable porque el gobierno ya le dijo a Unasur que no está dispuesto a rectificar.

Esto tiene un lado positivo. Significa que toda la presión de la comunidad internacional, incluyendo la de actores importantes como Argentina, EE UU y el secretario general de la OEA, se puede enfocar ahora en la realización del RR, una opción electoral constitucional. Este camino está lleno de piedras, pero no hay uno mejor para tratar de resolver la crisis.

Todos los demás son distracciones que en el mejor de los casos son innecesarias. En el peor, contraproducentes.

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