Tal Cual y Teodoro Petkoff

Las difusas fronteras entre la política y el periodismo

¿Qué es Teodoro Petkoff? ¿Un político o un periodista?

Después de que se ganó el premio de periodismo Ortega y Gasset, él mismo le respondió a la BBC:

¿Lo animó el premio?

Claro, las buenas noticias a todo el mundo le alegran. Sobre todo si es un premio periodístico y político.

¿Político? ¿En qué sentido?

Porque es un premio a una trayectoria. Y yo siempre he sido un político. Sigo siendo un político, un activista. Pensar que el premio no tiene significación política es ver lo que no es.

Pero ¿y no se supone que el periodista no debe tener militancia política?

Eso es cuestión de gustos. Yo nunca he querido ser objetivo. Siempre he tenido una posición política basada en valores y principios. Y tengo mi derecho. Que un político ejerza el periodismo no es un crimen. Criminales fueron los periodistas de Der Stürmer, el semanario de Hitler.

No es fácil explicar el papel que desempeñó Petkoff desde la fundación de Tal Cual hasta su (semi) retiro en 2012 o 2013. Si se le define como periodista, Petkoff fue en esos años, y siempre ha sido, un periodista de opinión. Pero nunca opinaba como un simple observador sino como un miembro activo de la oposición, totalmente comprometido con la causa.

¿Y cuál era la causa? Una que él ayudó a moldear y promover, y que expuso con su acostumbrada lucidez en El chavismo como problema: frenar las ambiciones totalitarias de Hugo Chávez y sacarlo del poder mediante la participación electoral, y la lucha por llenar y reconquistar espacios institucionales. Todo esto, bajo el paragua de la unidad. Da nostalgia recordar ese período cuando el debate opositor prácticamente giraba alrededor de ese precario tabloide cuyo principal activo — hay que decirlo — era el editorial de Teodoro en la portada, acompañado por esas inolvidables ilustraciones e irreverentes titulares que muchas veces chisporroteaban con creatividad e ingenio.

Durante ese tiempo, Petkoff se movía con naturalidad entre el periodismo y el activismo político. A nadie le extrañaba que el editor más respetado del país apareciera en mítines levantándole la mano a Manuel Rosales o que presionara a los partidos en reuniones privadas o mediante sus editoriales para que hicieran algo que él pensaba que se debía hacer. Nadie alzó una ceja cuando interrumpió brevemente su labor en Tal Cual para coquetear con una candidatura presidencial. Petkoff demostraba que los ríos de la política y el periodismo se pueden navegar simultáneamente si uno lo hace con honestidad, transparencia y apego a la verdad. Podría decirse que Petkoff inventó una nueva profesión, mezcla de dos profesiones, pero creo que es más acertado decir que simplemente nunca le paró bola (como diría él) a los límites que otros habían impuesto entre ambos oficios.

Parte de su valor es precisamente la manera como él mismo se define. Teodoro se considera ante todo un político, en la acepción más amplia y hermosa de la palabra. A diferencia de la mayoría de los intelectuales y opinadores de oficio, Petkoff no se limitaba a escribir y esperar que la oposición no le hiciera caso para luego regocijarse en el pequeño y mezquino placer de simplemente tener la razón. Nunca se enzarzaba, como muchos otros, en debates estériles y autodestructivos cuyo desenlace natural era llevar a la oposición a una calle ciega. Para él su éxito intelectual era casi inseparable de su éxito como activista. Escribía como el mánager de béisbol que se ve a sí mismo como parte del juego y por eso es corresponsable tanto de las victorias como de las derrotas. Por esta razón su editoriales eran de una admirable madurez, escritos siempre con un fino criterio y un enorme sentido de la responsabilidad y nunca desde la cómoda poltrona de los que no han tenido que lidear jamás con las consecuencias o implicaciones prácticas de sus ideas.

Hoy se subestima la impresionante labor que realizó la oposición entre los años 2006 y 2012, un período en el que se infligió un golpe letal al abstencionismo y en el que se forjó una unidad de acero alrededor de una agenda común muy parecida a la que Teodoro hiló en El chavismo como problema. Aunque estas cosas son difíciles de medir, pienso que ningún otro intelectual contribuyó tanto como Petkoff a que la oposición se encaminara en la dirección correcta.

A pesar de esos grandes logros, esa batalla se perdió. Pero las derrotas de 2012 y 2013 no significan que Petkoff, ni todos los que coincidíamos con sus ideas, estábamos equivocados. Al contrario: sigo pensando que se hizo lo mejor que se pudo bajo circunstancias muy adversas.

Sí creo que después de lo ocurrido el 14 de abril de 2013 muchos, incluyendo Petkoff, siguieron casi por inercia defendiendo los argumentos de antaño, como si el 14A no cambiase nada. Y esta actitud fue un error, pues subestimó el grado de frustración y desesperación de amplios sectores de la oposición.

Este tema espinoso, sin embargo, no es el motivo de esta reflexión. El motivo es sumarme con este pequeño aporte a las loas que justificadamente están lloviendo sobre Petkoff a raíz de la entrega del premio Ortega y Gasset por su carrera periodística, o como dice él, su trayectoria política. En realidad, da lo mismo.

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