El femicidio es una herramienta de comunicación machista

Ale Jiménez
Nov 2 · 4 min read

El trato que los medios de comunicación y más importante aún, las voces
oficiales, dan a las noticias de la muerte de una mujer, a manos de un femicida, establecen parámetros que se sustentan en el sistema jerárquico del género, muchas veces periodistas utilizando lenguaje sexista, exponiendo a la victima, haciéndola culpable y exponiendo su intimidad, con el fin de culparla por lo sucedido. Lo anterior colaborando a la desigualdad de género y el carácter disciplinario que contiene el femicidio.

Monserrat Sagot, en su articulo “El femicidio como necropolítica en
Centroamérica” expone la mayoría de homicidios de mujeres en el mundo, son femicidios; es decir, son producto de una extrema violencia contra las mujeres por razones asociadas a la desigualdad de género. El femicidio es ejecutado por hombres que desean obtener dominio y control sobre las mujeres, expresando la forma más dramática de la desigualdad entre lo femenino y lo masculino. Las causas de este tipo de asesinatos no se encuentran en las características individuales o “patológicas” de los agresores, sino en el estatus social tanto de las víctimas como de los perpetradores (Monárrez Fragoso, 2002).

Como explica Sagot, por medio de la política sexual letal se busca
controlar a las mujeres que interiorizarán la amenaza y el mensaje de dominación enviado por los perpetradores de estos hechos, de esta forma, se le pone límite a su movilidad, a su tranquilidad y a su conducto, tanto en la esfera pública como en la privada. Esto se vuelve un arma que los medios de comunicación perpetúan, al hacer culpable a la victima por moverse a altas horas de la noche, por salir de fiesta, por estar descuidada, entre otras razones; esos límites que se ven impuestos por los asesinos, se reproducen en todas partes, especialmente cuando se comunican los mensajes en los medios masivos.

Rita Laura Segato en “La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez” dice que los asesinos hablan por medio de los cuerpos de las mujeres, exponiendo un discurso punitivo y disciplinario, que les recuerda que el destino de las mujeres es estar sometidas y reducidas; además le hablan a otros hombres mostrando agresividad, poder de muerte y su capacidad de mantener en la confidencialidad actos delictivos.

Los medios de comunicación se vuelven portavoces de estos asesinos que
hablan a través de sus actos hacia las mujeres, revictimizando a las victimas,
haciéndolas quedar como las culpables y enviando el mensaje de poder y de
superioridad que los asesinos desean que se propague. El femicidio tiene un
carácter disciplinario y para poderlo llevar a todos los lugares, es necesario que se exponga de la manera que el perpetuador lo desea, que debido al sexismo estructural, sucede en la mayoría de los casos, donde los medios de comunicación se cuestionan los datos personales de la victima, sus pasatiempos, lo que hizo y lo que no hizo el día de su asesinato, casi realizando una explicación de clases, en la que le dicen a las mujeres como evitar ser asesinadas, como si esto fuera algo que se encontrara totalmente en su control.

Sagot explica como el neoliberalismo también ha dado pie al resurgimiento de tradicionalismos y fundamentalismos religiosos que se reproducen en los medios de comunicación e invocan nuevas formas de sumisión para las mujeres, creando un orden tradicional de género. Los femicidios no son
eventos aislados, son parte de la lógica de control social de las mujeres, en
particular las más vulnerables, los cuerpos de las mujeres que son asesinadas son el reflejo del sistema de clases y el sistema jerárquico de género.

Cuando Rita Laura Segato habla sobre los crímenes contra mujeres
en Ciudad Juárez, explica que hay dos cosas que se pueden decir sin riesgo y que todo el mundo dice, esto gracias a los medios de comunicación, que son los que hacen que la opinión publica que “la responsabilidad de los crímenes es de los narcos” y que “se trata de crímenes con móvil sexual”. Crímenes pasionales, violencia doméstica, abuso sexual, violaciones a manos de agresores seriales, crímenes por deudas de tráfico, tráfico de mujeres, crímenes de pornografía virtual, tráfico de órganos, etc. Estimulan una percepción indiscriminada de la cantidad de crímenes misóginos que ocurren en esta localidad, en México y el mundo.

Según el estudio del Global Media Monitoring Project, las mujeres
representan solo el 28% del total de sujetos y fuentes en las noticias. Solo son 9% del total de las fuentes expertas y tienen más presencia en cuestiones de opinión popular (43%), y como fuentes de experiencia personal (37%). Las mujeres solo aparecen como protagonistas en el 35% de las noticias, una cifra que se eleva hasta el 51% en casos de crímenes y violencia.

La Universidad de Costa Rica con apoyo del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) realizaron una Encuesta Nacional de Violencia Contra las Mujeres que indica que el 58% de las mujeres costarricenses han sufrido, al menos, un ataque de violencia sexual o física en sus vidas. Sin embargo el enfoque de las noticias, tiene gran asimetría en el trato que se el da a estas noticias y sus victimas, dado que los medios abordan las noticias como hechos aislado, como cifras sin contextualizar las situaciones.

Los titulares que dicen “apareció muerta”, “murió”, en lugar de señalar que
fueron asesinadas, además de señalar que las mujeres no habían denunciado o tenían conductas que pudieron haber provocada el ataque, los titulares se ponen peores cuando se cruzan el nivel socioeconómico o la nacionalidad de la victima.

El vivir para una mujer se vuelve una lucha constante, contra los medios de comunicación perpetuadores de la violencia machista ejercida por los asesinos de estas mujeres, contra la sociedad que señala a la víctima como culpable y contra la infinidad de herramientas utilizadas por el patriarcado para enseñarle a las mujeres dónde y cómo puede moverse en el mundo que le pertenece.

    Ale Jiménez

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