Por un 2018 difícil y lleno de problemas

Que tu 2018 esté acompañado de alegría y felicida… no, no.

Lo que les deseo a todo el mundo, incluyéndome, es un próximo año con muchos problemas.

Pero con los problemas correctos.


En lo que fue 2017 puedo decir con certeza que fue mi peor año academicamente. Si bien aprobé varias materias “complicadas”, mi cantidad de finales dados es cero. Si, null.

Propuse una idea para empezar un proyecto grande y complejo, contratando a un amigo muy cercano sin tener idea de cómo carajo iba a llegar a terminarlo.

Tomé mucho alcohol una noche y tomé decisiones que no las tomaría estando sobrio.

Le dije que quería dar Javascript 101 a Mati, cuando en realidad estaba cagado hasta las patas de darlo.

Encaré al Aconcagua y tuve un principio de edema cerebral en la cumbre.

Y sin embargo, todas estas cosas fueron las que más me enriquecieron como persona este año.

El no tener materias aprobadas me hizo planificar mis tiempos y decir no a las distracciones para poder prepararme para los próximos finales de febrero 2018.

Junto a Fede Galeano aprendimos un montón, pero en serio, un montón de cosas que nunca las hubiera aprendido en tan poco tiempo si no hubiera tomado el proyecto. No hubiera tenido una amistad tan copada con él.

Hace unos meses me propuse no tomar alcohol hasta el 2018 (con una excepción). Esto me dio una nueva perspectiva del “movimiento” dete podes divertir sin alcohol”. Si, siendo bartender hacía tragos que no probaba. Como cuando hacía asados siendo vegetariano a puro ojo y fé.

Me acuerdo que estaba en el taxi yendo a las oficinas de Aerolab ese octubre que tenía que dar el Javascript 101, cuando iba pensando (con tres horas de sueño) “Todavía le puedo decir al taxista que volvamos y les digo que me quedé dormido, total seguro no voy a poder dar un buen workshop”. Típico síndrome del impostor.

Unos minutos después estaría dando mi primer workshop y creo que salió bastante bien. Mati, Co, Leo, Caro, Meli y demás chicas y chicos, junto con los asistentes me hicieron sentir que todo era más fácil de lo que me lo imaginaba.

En el Aconcagua, me di cuenta de lo que significa la solidaridad. Como la patrulla de rescate y los guías me ayudaron a descender cuando no me podía ni siquiera levantar del piso, cuando no podía hablar normalmente (uno de los síntomas del edema cerebral).

Pero los seis años de preparación para subir esa montaña, todo el esfuerzo que llevó, hizo que todo valiera la pena.

El patrón que se repite en todas estas experiencias es que todas en su momento fueron problemas. Cosas que no tenía idea de cómo las iba a resolver, pero que al final, terminaron siendo de las mejores cosas que me pasaron en el año.

Compartir una buena birra con una amiga puede ser satisfactorio, pero resolver un problema jodido con esa misma amiga, teniendo ambos ganas de superarse a si mismos y resolver el problema, te puedo asegurar que va a ser más satisfactorio. Son en esos momentos en que uno conecta realmente con las personas, cuando las cosas se complican y hay que remarla.

Y si uno a pensar, tiene sentido. Los problemas no son malos por ser problemas. En sí, es sólo una diferencia entre la realidad y en la que se quisiera estar. Y desde ese punto de vista, nuestros sueños son problemas también porque implican esa diferencia entre el estado actual y el deseado y de un plan para “resolverlo”.

La diferencia entre lo que nosotros llamamos sueños a lo que llamamos problemas “malos” recae en nuestra percepción sobre el mismo. De si lo queremos y lo buscamos, o si no nos gusta y cae sin previo aviso.

Por eso cuando les deseo un 2018 lleno de problemas, me refiero a los problemas que te encanten resolver. A descubrir cómo aprender ese lenguaje lenguaje de programación, a investigar cómo mejorar en oratoria o a crear cualquier realidad en la que quieras tener en este año.

Por un 2018 difícil y lleno de problemas. Que les encuentres la solución y en el proceso crees relaciones más cercanas y crees experiencias increíbles.

¡Salud!


Twitter: @alekrumkamp

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