No-nosotros

Yo no creo que podamos ser amigos. Te quiero mucho, de verdad, pero no creo.

No creo poder sobrevivir al fulgor sui generis de tus ojos cuando sonríen ni creo poder aguantar impávida el tacto de tu mano rozando la mía por error mientras te agarrás de la baranda del ómnibus.

No creo poder no darte un beso cuando me hacés un chiste y me mirás con picardía y me sonreís de costado y yo capaz te giro los ojos y te digo sos un tarado y no creo, no creo poder no darte un beso (no creo en no darte un beso, nunca más darte un beso).

No creo poder aguantar el llanto cuando te dé la mano y me la sueltes o cuando te dé un abrazo y me digas Pame, ya está, no creo poder mantener esta cara tiesa de fuerza fingida y de resignación, no creo poder no llorar.

No creo poder ser tu amiga porque, aunque para vos sea tan simple como decir paralelepípedo cuando estás borracho (o sea no tan simple pero bastante más simple que todo esto, ya lo ves), yo no creo en un no-nosotros.