Siempre te escribo.

Te escribo y sos el objeto directo y el indirecto a la vez; escribo de vos y te escribo a vos.

Escribo de vos en segunda persona y escribo cosas para vos que nunca vas a leer, porque en mi vida ya dejaste de ser esa segunda persona, pero en alguna parte de mí todavía sos vos y no él.

Algún día te vas a ir, y vas a dejar de ser el sujeto de mis oraciones. Pero hoy no.

Hoy no.

Todavía no.

Quedate un ratito más, así, en modo imperativo.

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