Mis amigos caranchos

Nosotros, los judíos, solemos reírnos de nosotros mismos con chistes sobre nuestra fama de tacaños, inventamos cuentos y los repetimos. Hay uno en especial que, más allá de lo jocoso, creía que era pura fantasía:

Muere Sara, y su esposo Jacobo llama al diario para poner un obituario.
Jacobo: -Quiero poner un aviso fúnebre. ¿Cuánto cuesta cada palabra?-
Empleado del diario: -$50. Dígame por favor que quiere que figure.-
Jacobo: -Ponga “Murió Sara”.
Empleado del diario: -Disculpe señor, eso solo no se acostumbra poner, además hay un mínimo obligatorio de palabras para poder publicar el aviso.-
Jacobo: -Bueno, ponga “Murió Sara, Vendo Renault Fluence 2014”.

A raíz del robo que sufrí de mi teléfono celular, decidí avisar lo sucedido por Facebook para que nadie crea que no le contestó o no respondo mensajes porque no quiero.

Y entraron a llegarme los mensajes de apoyo, muchos sinceros y unos cuantos que no me alcanzan los dedos de las dos manos para contarlos, más falsos que pésame de funebrero, acompañados de una clara intención. Como no voy a ser tan cruel como ellos, no voy a exponer sus nombres (aunque se lo merecerían). Paso a ejemplificar un par de casos:

“Vi que te robaron el celu. A mí también me paso como a casi todo el mundo. Si te sirve vendo un iPhone 5 desbloqueado y en un excelente estado, súper buena oportunidad.”

“¡Que garrón! Si te interesa mi hijo vende el celular nuevo, libre. Es Microsoft Blue, es liberado y sirve para dos chips.”

Luego de haber tenido la ilusión óptica generada por Facebook de ser Roberto Carlos, estos “amigos” virtuales resultan ser unas aves de rapiña, esperando que el celular sea sustraído para venderte su dispositivo móvil, que vaya a saber por qué desperfecto u obsolencia, dejaron de usarlos y se lo quieren enchufar a uno.

Si mis enemigos son ladrones, y mis amigos (los virtuales, para que nadie se ofenda) son policías, debe suceder lo que relataba Facundo Cabral: “Vivía en pueblo tan chico que había un solo ladrón y un solo policía. Entonces, cuando le faltaba algo a alguien, ya se sabía quiénes eran los que podrían ser”.

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