¿La vida de otros se respeta?

El terrorismo está en todas partes.

Los recientes eventos de Charleston en Carolina del Sur, Estados Unidos, desataron una polémica discusión en el seno de la sociedad sobre el tabú del término terrorismo asociado a la población blanca de este país. Para estos sucesos la palabra reservada es enfermo mental. Al mismo tiempo, ante esta situación atroz la opinión pública y la justicia pide la pena de muerte.

En Enero de 2015, dos hermanos entraban a la fuerza en la redacción de un periódico satírico francés Charlie Hebdo. 11 personas murieron y otras 11 resultaron heridas. Ellos se identificaban como parte del grupo extremista Al-Quaeda’s en Yemen. Dos días después los asesinos tomaban rehenes en una empresa y fueron abatidos por la policía en este suceso. Las respuestas de la sociedad francesas partieron en todos los sentidos pero particularmente en mensajes de felicidad por la muerte de estos hermanos.

Hace dos días un atentado en Bangkok, Tailandia le quita la vida a 21 personas. El sospechoso es un hombre de rasgos asiáticos que fue filmado por una cámara de seguridad. Las imágenes y videos del atentado son variadas en crudeza y calidad, porque una cosa nos da internet y es la capacidad de ver lo que pasa en el otro lado del mundo con solo un clic.

La idea de pasar por el mundo y dejar una bomba por aquí, matar a unos cuantos por allá, es un objetivo que no distingue color de piel, credo o ubicación geográfica. A los americanos los “odian por su libertad”. A los franceses por sus chistes pesados y su concepción de la libertad de expresión, capaz de pasar por encima de quien sea por el motivo que sea. Los tailandeses todavía no saben exactamente quien es el autor de esta serie de atentados en Bangkok, Tailandia pero debe ser cuestión de días antes de que se vuelva noticia.

Los autores de estos atentados vivieron o viven con la convicción de que algo positivo y justo salía de sus acciones, que la toma de otras vidas era justificada por un fin mucho más importante. ¿Es nuestra necesidad de pedir justicia a través de la pena de muerte más importante, más razonable, más justa que la de estos agresores?

Aquí se plantea un dilema en lo más profundo de nuestros valores sociales: queremos exigir a los que atacaron un periódico en París respeto por la libertad de expresión y por la vida de estas personas pero, ¿estamos nosotros dispuestos a mostrar respeto por la vida de estos sujetos?

En Venezuela la confianza por un sistema judicial se ha perdido. Cada cierto tiempo se escucha que algún ladrón es atrapado y los captores quieren cortarle las manos o colgarlo o golpearlo hasta que pierde la conciencia para darle una lección. (No nos desviemos del punto, los venezolanos sabemos que aquí hay una realidad muy compleja y dura y la intención no es banalizarlo sino ver el tema de este artículo sobre el respeto que tenemos por la vida de otro como un valor en nuestra sociedad.)

El hecho de enfrentar la pena de muerte al terrorista de Charleston en Estados Unidos no sentará un precedente para los próximos ataques. Tampoco la muerte de los hermanos Kouachi en París o la justicia por nuestras manos en Venezuela. Hay personas que están de acuerdo con este tipo de medidas, que piensan que es justicia en este sentido Gandhi tenía una poderosa frase para reflexionar: “Ojo por ojo y el mundo quedará ciego”.

Este es el mensaje que le damos a las nuevas generaciones. Queremos pedirle a los terroristas, a los agresores que tengan respeto por nuestra vida, por nuestra segura, por nuestro derecho de salir a la calle libres y tranquilos pero, ¿estamos nosotros dispuestos a respetar la vida de ellos?

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Originally published at aleparedes00.wordpress.com on August 14, 2015.

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