Atestiguar

Elegí sentarme en una mesa que daba de frente a una pareja. Normalmente prefiero darle la espalda a la gente pero algo en ellos me llamó la atención. La chica traía puesto un gorro blanco con forma de conejo. Su rostro se veía contraído, le explicaba algo al chico. Él tenía el ceño fruncido. Ambos hablaban en voz baja. Me incomodó advertir que discutían.

Decidí dibujar a la chica. Se veía triste y el gorrito le daba un tono lastimero. Últimamente he estado practicando la expresión del rostro porque hace tiempo que no dibujo gran cosa. Me llamó la atención la posición de sus manos y su tendencia a bajar la cara cuando hablaba. De pronto el chico intervenía diciendo “bueno, ya… lo decidiste, ¿no? Es tú decisión”. Todavía no advertía que podía tratarse de una ruptura.

El muchacho no era realmente interesante. Solamente se percató de que los dibujaba. Entonces tuve que fingir demencia para que no advirtiera que de verdad los dibujaba. Miré hacia adentro de la librería y noté que los nuevos libros de Leetra ya estaban disponibles en esa sucursal. Me emocioné. La distracción me ayudó a intentar una especie de dibujo ciego. Se nota que hice trampa un par de veces. Justo en ese ejercicio se tomaron de las manos. Pensé que las cosas se resolverían.

Luego probé con pluma. Me resulta más fácil dar forma con puros rayones. Cuando terminé el dibujo, noté que el muchacho sostenía una postura incómoda que no se reducía a la conversación. Casi a propósito, estaba sentando con la mochila colgando de un costado. Entonces escribí: “con la mochila puesta, parece que saldrá huyendo en cualquier momento”. Me pareció que era una buena idea para una historia.

Por supuesto, la realidad supera a la ficción. A las 21:23, el chico se levantó de la silla, ella también. Lo miró a los ojos y le dijo: “¿no me vas a dar un abrazo?” e intentó atraerlo hacia ella. Él la sujetó de los brazos, la alejó y se fue. A ella se le arrugó el rostro y se sentó. Siguió bebiendo su cerveza y sacó un cigarrillo para fumarlo mientras miraba absorta hacia el fondo de la librería. Sentí algo de culpa por haber escrito lo que pareció ser una profecia.