tardes lluviosas

No recuerdo exactamente el día, fue hace mucho tiempo ya. Pero sé que las tardes de lluvia me saben deliciosas por una razón.
No, no recuerdo el día, o los días en realidad, porque era algo tan adictivo que no fue de una vez y nada más.
Recuerdo momentos y sus manos recorriéndome, justo ahí, donde pierdo la razón.
Nos bajamos del auto y nos mojamos un poco, no pudimos esperar a entrar. Había algo irresistible en la combinación de sus labios con el agua que bajaba por mi cuello, una sensación cálida y fría a la vez que simplemente no me dejaba pensar bien.
Y mientras sentía su cuerpo cada vez mas cerca del mio, reconocí en sus ojos tantos pensamientos - ¿cómo llegamos a este punto? Y al mismo tiempo, ¿cómo vamos a hacer para escapar de él?-
Las respuestas se ahogaron en el sonido de la lluvia, estábamos muy distraídos para responderlas.
Las tardes lluviosas y frías no son para responder preguntas que arruinan la realidad, son para darse cuenta que los placeres de la vida están siempre al alcance de la mano o en los labios de alguien más.
No, no valía la pena parar.
Eventualmente tal vez, así como la lluvia por estos lados, temporal, a veces suave y a veces demasiado fuerte, pero nunca permanente.

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