El Abrazo de la Muerte

Encuentro el hábito verdadero de perder el tiempo, en cuerpo entero entregado al desenfreno; y apenas es martes. Locuaz y algo eficaz le rezo a la prisa, conduzco algo tímido pero siempre llego y a veces termino; empeño el alma por un consuelo rapaz que me deje soñar.
Ay si tan sólo supiera cómo anestesiar el cruel velorio, ya ni intento pues caigo en cuenta que todo es un simulacro; y nada es lo que parece. Siembra semillas de envidia mientras me dice cuánto me extraña, la siguiente ironía se ha vuelto algo fría y ya no me interesan sus promesas.
Quiero abordar ese barco y nunca volver, ahogarme en atardeceres infinitos llenos de colores que levanten mi mugre y limpien mis huellas. El barro en mis botas y las huellas algo rotas, el abrazo de la muerte se ha fundido en mí, y de mí para tí, mi destino es ahora tu retiro.