Mareas Rotas

Ilustración: Boreal Arburola (Art Boreal). 2016.

Necesitando un lunes frenético, algo que calme la angustia que se diluye cuando no pasa nada; remedo el infinito y sus limitadas razones para tener sentido, y si el día de mañana no me alcanza prefiero perder lo poco que me queda de cordura. Me resultan vanas las promesas de un mañana estable si el poco tiempo que me sobra tiende a quemarse de forma injustificable. Rodando de lado a lado, una mancha en la alfombra; un agujero en la mente.

Tibias arboledas rodean su morada temporal, en otra tierra lejana la isla abandonada se retuerce ante las caricias del dulce oleaje, le pido otro viraje al cielo que al mismo tiempo actúa de espejo; espero, estamos muy locos. Al anclar no oculto mi escasa relajación ante el espejismo marginado, reflejos de hace quince años describen el sinsabor novedoso de una catástrofe tan mal calculada y tan pobremente ejecutada que el relajo siempre roza en la comedia.

Nunca más, ojalá no me buscara más, que por favor olvidara mi nombre; que borrara mi vida de la suya, por siempre y para siempre. Lo dije sin sentirlo, una burda pose de fortaleza ofendida; un castillo en la arena. Y volvemos a la marea, a la impertinencia de nadar contra corriente por deporte y chocar contra las piedras una y otra vez hasta casi ahogarnos por querer escapar. Por querer evitar lo inevitable, por necio; por atacado. Mareas rotas siempre flotan.

Yo no te entiendo, ya no me interesa… tus sonrisas, ya no me alimentan; y cuando siento que ya nada vale la pena algo muy adentro me revienta. Incinerando cualquier duda que desmerezca el propósito y la necesidad de un ardiente fracaso y un memorable tropiezo, no se puede ser tan ciego en la vida. Mejor ser un necio y seguir reventando, a duras penas; mareas rotas, siempre toca..

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