Sine die

Tempo de Viaggio es, en realidad, un documental que cuenta el viaje por Italia del director Andrei Tarkovsky, país donde rodó Nostalgia, su primera película fuera de la Unión Soviética. El exilio era la única vía por la cual el arte de este poeta del cine podía seguir creciendo (aunque no duró mucho).

Esta introducción me sirve para encarrilar el por qué de este blog, y no tiene nada que ver con el cine (por ahora). Hace dos años, aproximadamente, yo empecé un viaje que hoy es parte de mi día a día, una reeducación en valores y en comportamiento que, no voy a mentir, al principio fue duro.


Para ir al grano: soy machista. No como lo era hasta el 30 de agosto de 2014, pues llevo dos años desintoxicándome, pero todavía quedan ecos. Menos que más, pero lo soy. El tuit que escribí ese día es una representación perfecta, principalmente, porque fue el detonante para que el machismo pasase a ser consciente (lo que me permitió cambiar).

Es importante explicar que cuando digo que soy machista me refiero a que tengo, o tenía, una serie de valores inculcados que son inherentes a una educación cristiana (o en cualquier otra religión), era partícipe del sistema y estructura patriarcal por la omisión del problema. Yo era de los que no aceptaba las generalizaciones, como se puede ver en el tuit. No aceptaba que se me involucrase en un bando, porque «yo no soy machista» (sic). Pero sí, pertenezco a un bando, el opresor. Simplificándolo: vivimos en un sistema capitalista que favorece y premia al patriarcado, donde por el simple hecho de ser hombres tenemos privilegios que en un mundo igualitario, donde hombres y mujeres fuesen iguales, no existirían. Por lo tanto, como género hemos oprimido a la mujer durante siglos.

Mi tuit anterior vino a razón de la polémica que surgió por este comentario de Sara R. Gallardo. Me avergüenza admitir que yo fui de muchas de las personas que intentó ridiculizar esta situación. No entendía por qué invitar a un café p0día ser considerado machismo, para mí ese término sólo estaba asociado a la violencia (física o psicológica, pero a la más radical). Hoy lo pienso y me da pena, porque esa misma visión que yo tenía, la tiene todavía una gran parte de la sociedad.

A las mujeres, desde pequeñas, les dicen que somos nosotros los que tenemos que conquistarlas (nuestras familias, la literatura, la música, el cine…), y que son ellas quienes tienen que estar dispuestas a ser cortejadas (y las que rechazan esa posibilidad son, automáticamente, consideradas frígidas…como poco). Para nosotros, aquellos que no habíamos afrontado una reeducación al respecto, nos parecía normal que un hombre abordase la intimidad de una mujer en una biblioteca porque sí. Yo nunca he hecho algo así, por suerte soy tímido y nunca he cometido tales barbaridades, pero el hecho de defender esa actitud, me hacía cómplice. Yo, de forma consciente o no, estaba defendiendo la estructura del patriarcado.

Por fortuna @Henrique_Lage (grandísimo tuitero del que podéis aprender mucho) respondió al tuit y surgió un debate interesante. Esta respuesta y la que, más tarde, hizo @Vigalondo (hacen falta presentaciones?) me cambiaron la vida. Sí, literalmente. Gracias a ellos he comenzado este viaje en el que me he topado con otra gente maravillosa en las redes (@barbijaputa, @pattygru, @bebeveg, @azulcorrosivo, @srtagalicia, @femicidio, @cariatydes, @ved_deathparade, @henarconh, @chiclett4u, @mariadomvila, @aliiciaalonso y muchas más), y me he sumergido en debates, en textos, ensayos y vídeos sobre el feminismo.

Un viaje en el que cada día me cuestiono todos y cada uno de los pensamientos y actuaciones que tengo, sólo así es posible cambiar y reeducarse. Y al principio es duro, es poner en entredicho todo lo que la gente considera normal, y te sientes solo (en ese proceso he llegado a dudar de si merecía la pena por darme de bruces contra muros como los que yo antes ponía cuando me cuestionaban).

Por las experiencias de mi infancia soy una persona a la que siempre le ha costado mucho, muchísimo, empatizar. El haber compartido mi vida con una persona diametralmente opuesta a mí en ese sentido me abrió una puerta increíble, y aunque lo que se refiere al feminismo han sido esos tuits los que me hicieron reflexionar, sería impensable abrirme a ello sin antes haber tenido ese viaje emocional. Empecé a descubrir hasta qué punto la educación que recibimos desde pequeños nos moldea para una sociedad estructuralmente machista.

Esta es mi experiencia, mejor o peor escrita, pero es la que es. No pienso parar de caminar por este sendero, desde ese 30 de agosto de 2014 el morado es mi lucha diaria.

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