Civil War: cuando olvidamos quiénes somos

A algunos nos gustan las películas de superhéroes. Nos gusta introducirnos (que nos introduzcan) en realidades alternativas donde un individuo o varios tienen ciertas capacidades de las que los demás carecen. Individuos que destacan. Nos satisface que usen esas habilidades para ayudar a quienes necesitan una mano más fuerte, para proteger a los que no pueden protegerse por sí mismos, los que son superados por fuerzas externas (o a veces internas); nos fascina también que, en lugar de ello, se decanten irremediablemente por la atractiva y oscura senda del mal, sucumban al egoísmo, a los instintos más primarios, pierdan el control, caigan al abismo.

En muchas ocasiones (la mayoría, me atrevería a decir) obtenemos tramas muy simples alrededor de esta temática. Los buenos son buenos porque sí. Los malos son malos porque sí. Los buenos siempre ganan (porque sí, porque son buenos); y así sucesivamente. Todo ello estructurado en torno a larguísimas escenas de acción explosiva con efectos especiales deslumbrantes (como los de Érase una vez [Once upon a time]… Bueno, algo así). Tienen la potencialidad de dejarnos sin aliento y con esa sensación de grandeza en el pecho que vamos buscando en este tipo de películas. Y quizá lo consiguen. Quizá están bien para pasar el rato. Pero también pueden dejarnos esa sensación de vacío y repetición, de haber asistido a una historia que hemos escuchado una y otra vez en una y otra película, una historia que, realmente, no nos aporta nada nuevo. La sensación de que no todo encaja, de que ciertos puntos del argumento han sido forzados para llevar a un fin (ya conocido).

Pinocho en OUAT. ¿A que parece auténtico?

Pero a veces aparecen ellas.

A veces descubrimos historias que nos atrapan un poco más. Historias en las que el bueno podría haber sido malo, pero eligió no serlo. En las que el malo tiene un motivo para hacer lo que hace. Y que ese motivo podría incluso habernos pasado a nosotros. O a nuestro amigo. O al vecino. (O a nadie, pero simpatizamos con él por otros rasgos de su personalidad).

A veces Marvel (me referiré a lo que conozco) nos regala pequeñas joyitas que nos entretienen y que a la vez se rodean de un interesantísimo trasfondo que no se aleja tanto de nuestra realidad y hace a nuestros superhéroes más humanos, nos los acerca, hace que podamos rozarlos con la punta de la nariz. Nos da al personaje del Capitán América, al Soldado de Invierno, a los Vengadores, a Tony Stark, al Spider-Man de Marc Webb, a quien vemos evolucionar a lo largo de la trama hacia un personaje cada vez más maduro.

Es en esta categoría donde se adscribiría sin duda Capitán América: Civil War.

Partimos de una premisa que da mucho juego: la legalización de la fuerza superheroica. Se plantea la creación de una organización gubernamental (ojito) para controlar y dirigir a superhéroes a favor de los intereses estatales (siempre según los que manejan el cotarro), ordenando cuándo actuar y cuándo no y convirtiendo automáticamente en criminales a aquéllos que rehúsan participar o seguir las instrucciones dadas.

Por supuesto, en una primera instancia se nos presenta como una idea bastante completita y respetable. Tenemos que asumir la responsabilidad de lo que hacemos, no podemos hacer las cosas ahí a lo loco; si lo hacemos mal, pagaremos por ello; si lo hacemos bien, seremos reconocidos debidamente. Pero ¿y si los dirigentes toman una decisión equivocada? ¿Y si encarcelan al inocente y el culpable sigue suelto? ¿Y si tienen otros objetivos ocultos que desconocemos y con los que no estaríamos de acuerdo? ¿Y si, al inscribir nuestros nombres en la organización, alguno de nuestros enemigos los descubre y decide tomar represalias contra nuestras familias? ¿Y si…? ¿Y si…?

A partir de aquí, SPOILERS.


Gran parte de esta problemática ha ido apareciendo en la película, cuyo arco argumental principal se basa en el pobre Bucky y el supuesto acto de terrorismo que creen que ha cometido y que sirve como desencadenante de todos y cada uno de los conflictos de la cinta (como se nos recuerda continuamente, llegando a sobreexplotar la trama en las casi dos horas y media que dura).

El Capitán América y Bucky liberando tensiones a su manera. Stucky existe

Sobra decir que la peli en sí es una clarísima continuación de las películas de Los Vengadores y en especial las del Capitán América, para tener claro de dónde sale Bucky, viejo amigo del Capitán al que Hydra lava el cerebro y bla, bla. Volviendo al acto terrorista, descubrimos que éste tiene una repercusión importante y es un insulto gordo contra nuestros superhéroes unidos (ya que se hace en su primera reunión como corporación o como quieran llamarse), y casualmente alguien difunde una foto que parece incriminar a Bucky, con lo que se intensifica su búsqueda y lo encuentran en un santiamén. Pero ahí tenemos al Capitán, que desde el principio ha estado en contra de eso de rendir cuentas ante el gobierno gracias a sus intrínsecos valores de nobleza y a que es un poquito avispado y no se fía, además de a un inverosímil discurso de Sharon Carter, la sobrina de Peggy, en el funeral de ésta :( sobre no asumir responsabilidades cuando no es necesario (¿Quién dice esas cosas en un funeral? ¿Y hasta qué punto es ese argumento en concreto el que más empujaría al Capitán a no apoyar una coalición superheroica?).

Sharon Carter, la sobrina de Peggy, interpretada por Emily Van Camp (Revenge). Mu’ apañá’

Nuestro Capi es un tío muy le(g)al y Bucky siempre ha sido alguien muy especial para él, así que, sin prueba alguna, está convencido de que tiene que haber una explicación, de que la posibilidad de que Bucky sea el ejecutor de lo ocurrido es remotísima (?); decide ayudarlo y protegerlo al menos hasta estar completamente seguro del percal. El conflicto, evidentemente, se produce cuando el “otro equipo” trata de tomar medidas. Es el Team Iron Man, como se dice últimamente, liderado por un Tony Stark reconcomido por los remordimientos al ser consciente de que va sesgando vidas sin percatarse verdaderamente ni pretenderlo, y también por otros que quizá sean más profundos, los remordimientos de no haber demostrado lo suficiente el amor que sentía por sus padres durante el tiempo que estuvieron vivos; Tony Stark es perseguido por unos monstruos que le preguntan todas las noches por qué no hizo nada por evitar esas muertes, aunque no pudiera. Así, arrepentido, pretende compensar sus malas acciones a través de la legalización de los superhéroes para evitar de esta forma destrozos innecesarios y aliviar un poco la carga de su conciencia. Vemos, pues, otra lucha en él: un profundo conflicto entre su ego y el altruismo que, mezclados con su astucia, lo convierten en un personaje muy interesante. El deseo de trabajar para un mundo mejor / vivir en paz consigo mismo lo lleva entonces a decantarse por esa legalización, llegando incluso a manipular a gente que no tiene ni idea de lo que pasa (véase el nuevo Spider-Man) para que apoyen su causa, aparentemente sin molestarse en explicar mucho (impagable el breve diálogo entre el Capitán y Spider-Man mientras luchan, algo así como:

-No entiendes nada, Jon Nieve.
-Tony Stark dijo que dirías eso.

Creo que sobran comentarios. Al menos tenemos el consuelo de que la cosa es aún más hardcore en los cómics, llegando incluso a desvelar su identidad (!), y eso que ese Spidey no tiene nada que ver con éste. No me extiendo, el nuevo Spider-Man merece un artículo aparte).

Cuando te dicen que van a repetir las elecciones

Pero lo que no sabe este Team Iron Man es que esta vez Bucky ni pincha ni corta; ha sido víctima de una trampa perfectamente diseñada para provocar precisamente lo que casi termina ocurriendo: la (casi) pérdida de identidad superheroica, una brutal lucha entre personas que tienen unos mismos fines pero se pierden en el camino por sus diferencias y por intrigas que son colocadas estratégicamente en esos momentos conflictivos para que su reacción sea la más violenta posible, intrigas como la mágica aparición de un vídeo en el que se descubre el verdadero motivo de la muerte de los Stark, causada por la desafortunada intervención de un Bucky bastante poco dueño de sí mismo.

Al final la cosa se acaba desmadrando y, mientras somos testigos de la pelea monumental entre Iron Man y el Capi, se nos intercala una escena mucho más íntima que contrasta con tanta violencia física para vapulearnos psicológicamente. Un misterioso “doctor” maravillosamente interpretado por Daniel Brühl, es la mente pensante detrás de cada pequeña cosa ocurrida que ha propiciado el desastre. Zemo suplanta la identidad de un médico, modifica la foto que se difunde en los medios para incriminar a Bucky por el atentado, le enseña el vídeo del asesinato de los padres de Tony a éste… Y es en esta escena intercalada en la que nos revela (a nosotros y a la Pantera Negra) el porqué de todo: resulta que perdió a su padre, a su mujer y a su hijo en uno de los múltiples desastres causados por las peleas de superhéroes a gran escala. De manera desgarradora descubrimos que su objetivo principal, desde aquello, siempre ha sido el mismo: ya que los civiles son frágiles, su venganza consistirá en hacer que se maten entre ellos. Y no le ha salido mal la jugada, pensamos cuando el Capitán deja a un Iron Man con el corazón partido (literalmente) yaciendo en el suelo y se marcha con Bucky, dejando un escudo que, según Tony, ‘no merece’, pero que carece de significado porque en la guerra, por encima del dinero, siempre están los muertos.

El final nos deja un sabor agridulce. ¿Quién tiene razón? ¿Qué es lo correcto? Podríamos concluir, como parece percibir Tony liberando a los héroes presos, que realmente ningún extremo es bueno; la ley puede equivocarse, el individuo también. Pero más allá de eso, hemos visto las consecuencias de empecinarnos en un pensamiento fijo y cerrar nuestra mente a todo lo demás; hemos visto que en condiciones desfavorables puede surgir lo peor y lo mejor del ser humano, y entra dentro de nuestras capacidades elegir cuál de esas dos será nuestra reacción, aunque sea difícil; podemos rebelarnos contra los monstruos a pesar de que se nos rebelen también ellos a nosotros. La empatía importa en un mundo donde tenemos que convivir con el resto de personas; debemos entendernos y aceptarnos; debemos evitar los enfrentamientos siempre que sea posible; debemos recordar que todos somos iguales.

Wanda; la Bruja Escarlata

Para terminar me gustaría destacar, en este sentido, los personajes de Visión y Wanda. Hay un momento, por ejemplo, en que todos le tienen miedo a Wanda; todos los medios la acusan. Están asustados porque no la conocen, y la mayoría reaccionaría negativamente si tuviera contacto con ella porque les han ido inculcando una serie de prejuicios. Tanto ella como Visión (y todos los demás superhéroes) son parte de una minoría y, como tales, son rechazados (como los negros, como los homosexuales, como las mujeres, como los gitanos, como tantos otros). Wanda tiene miedo de ese rechazo, pero finalmente es consciente de que puede controlar ese miedo suyo si se lo propone; Visión la enseña a quererse y aceptarse tal como es porque, en el fondo, todos somos iguales; todos podemos ser buenos o malos; sólo superando ese rechazo podrá Wanda realizarse como persona. Por supuesto, no es sólo tarea de Wanda: el mundo entero tiene que comprender que el desprecio a lo desconocido no acarrea nada bueno; que tenemos que trabajar juntos para construir un mundo más justo para que los oprimidos dejen de serlo. Sólo así, y tratando de entendernos los unos a los otros, y usando nuestra parte racional para hacer lo correcto y ser tolerantes, dejaremos los enfrentamientos atrás, no sólo entre aquellos con quienes tenemos más en común, sino también con todos los demás.

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