Humor Flashagueño

Videos fragmentados en escasos minutos, sin continuidad específica que los una, mantienen erigido un concepto que de a poco se ha instalado. Concepto que inventó una palabra, que fue asimilado por algunos miles de viewers, y que devuelve, sin prisa ni límites, una lectura interesante de las particularidades del habla de una provincia, de una franja etaria, y del estereotipado comportamiento adolescente de adelantarse constantemente al otro.

Esos videos muestran, desde un canal de youtube y a lo largo de casi dos decenas de entregas, las desventuras de tres pibitos, sin nombres, que se llaman a sí mismos (y gracias a eso pueden ser reconocidos) por sus “atributos” físicos. El negrito, el narizón y el ruludo construyen relatos cargados de cotidianeidad, con los recursos necesarios para hacer soltar una carcajada inevitable a quien los vea, ya sea por identificación, o por recordar a alguien a quién se conoce. Las ocurrencias de cada diálogo recogen los vicios del habla santiagueña de pura cepa, por supuesto, vistos desde el humor.

El contenido seguramente es resultado de conversas de grupos particulares de personas, pero ahora son devueltas a la calle con sobreactuaciones, exageraciones y repeticiones sin sentido para ser utilizadas en colegios, en boliches y, por qué no, en la virtualidad inmensa de la cual nacieron. Los insultos multidireccionados son fraternales y genuinos, y el ánimo es siempre el mismo: la constante defensiva adolescente de utilizar todo lo dicho por el amigo para volcarlo en su contra, rematado en forma de algún chiste.

¿De dónde viene todo esto? Desde La Banda, Santiago del Estero, Kevin Santillán yEnzo Da Silva son los responsables de la viralización de Humor Flashagueño, esos pequeños videos que juegan y se regodean de todos los clichés que el universo bandeño les pueda ofrecer, matizándolos de imaginación y ocurrencia para que tome un sello personal. Se trata de caricaturas geométricas, de colores saturados y trazos torpes, que toman vida por medio del soft Animation Studio Pro. Cuando están satisfechos con lo logrado lo comparten directamente en formato 3gp, para que puedan ser descargados y compartidos fácilmente de mano en mano a través de cualquier celular.

La viralización fue efectiva, y desde hace un tiempo un séquito de desesperados les demanda más contenido. El ritmo de aparición de los videos sigue la lógica lo-fi de la cuestión, y es tan impredecible como el desenlace de los parlamentos (llegando bastante seguido hasta la incongruencia). Lo mismo ocurre con el ritmo del habla: pausada y al borde de desesperar, las líneas interactúan con una musicalización básica pero fluida, y ofrece el espacio ideal para reponerse de alguna risotada grotesca. La inocencia y la simpatía santiagueña son un rótulo irremplazable en esta caricaturización de sus particularidades (algo que también se explotó, y mucho, en Tucumán), y afianza cierto sentido de pertenencia y familiaridad. También hay una referencialidad encubierta, dispuesta para disfrute exclusivo de los espectadores locales, hacia lugares como el barrio San Fernando, las fiestas de Árbol Solo, o los sándwiches gigantes de Ramón, entre otras cosas.

Las interacciones de los “capítulos” llevan a que los personajes principales hablen con vecinos, con la maestra (una suerte de cíclope rubia con tono agudo y acento molesto), con la policía, con un taxista, etc. No hay demasiada ciencia detrás de todo esto, y la frecuencia de trabajo es más bien difusa, pero además del impacto del chiste fácil hay material interesante de jóvenes de un lugar determinado, expresándose en su propio tono y por sus propios medios.

Publicado en La Gaceta.

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