Por un nuevo cine

El cambio de calendario implica realizar un ejercicio inevitable de repaso de “lo que fue”, y eso muchas veces deviene en la concreción de un anuario que ofrezca mucha información compilada en un solo lugar. Para este post se decidió tener en cuenta uno de los fenómenos más llamativos que no nació en 2014, pero sí terminó, de alguna manera, de tomar una dimensión mayor: el cine cordobés.

Ciencias Naturales, ópera prima de Matias Lucchesi.

No se trata del primer “fenómeno” que se produce en esta ciudad cosmopolita que recibe un amplio porcentaje de estudiantes universitarios de todo el país, ya que también se produjeron hechos llamativos a nivel musical (con la explosión de netlabels, sellos virtuales, y el lanzamiento de grandes discos) y a nivel editorial (tanto de la mano de jóvenes y talentosos escritores, como de un impecable trabajo de editoriales). Lo que cabe preguntarse es si existe en todo ese material algún rasgo que permita hablar de un fenómeno regional con identidad propia.

“Hay que reconocer que vender un fenómeno funciona en cuestiones de marketing y prensa, como un aglutinamiento de cosas. Siempre se necesitó un rótulo para vender, no? Pero al margen de eso sí es cierto que en materia de cine apareció una movida real y concreta que no es un invento. Realmente hay muchas películas que salieron casi de golpe, y también hay muchos espacios de crítica, de cineclubes que le dan todo ese carácter a la cuestión”, dice Alejandro Cozza, crítico de cine y autor de Diorama, un libro que compila reflexiones y análisis sobre películas cordobesas.

Solamente contando el último año puede obtenerse un interesante abanico de opciones que van desde el formato documental, hasta ficciones de gran nivel que obtuvieron un fuerte reconocimiento en festivales internacionales de cine, como Berlín, Toulouse, Rotterdam (Holanda), y que federalizaron de la mejor manera posible la producción independiente del séptimo arte. Estas películas atraviesan temáticas muy diversas que van codo a codo con una realización técnica elogiable. En muchos de esos casos se trató de óperas primas que estuvieron perfectamente a la altura de las circunstancias para ser reproducidas en cualquier sala de cine del mundo.

“La verdad es que los realizadores no están casados con ninguna forma de hacer cine, y ni siquiera con algún lugar. Es llamativo que muchas de las películas no sean urbanas. Los barrios, por ejemplo, todavía no están siendo explotados. Las sierras, el campo, el afuera, son lugares llamativos para todos, por eso plantean salidas a esos lugares. Tal vez sea simplemente porque no quisieron, y el año que viene se rompe la tendencia y salen películas hechas ahí, pero hoy es curioso. Creo que en cuanto a las formas es todo muy variado, y la marca es no tener ni una estética ni una temática predominante. No hay dos películas parecidas en ese sentido”, resalta Cozza.

Algunas de las películas que establecen un fuerte apego a su locación fueron Ciencias Naturales, de Matías Lucchesi, que fue filmada en las Altas Cumbres y atraviesa un tema muy fuerte como la búsqueda de identidad, donde una niña es ayudada por su maestra a emprender un viaje personal y determinante en el armado de su propia historia de vida. O La Laguna, filmada en las sierras, y resultado exquisito de un trabajo de tesis de alumnos de una universidad privada, donde en pocos diálogos y fuerte impacto de imágenes transcurre todo. Atlántida, de Inés Barrionuevo, también recoge mucho del interior de la provincia, narrando su historia en torno a un pueblo rural, con una ambientación especial anclada en 1987. Aquí, la sexualidad, vista desde el deseo y la exploración, se presenta libre de prejuicios y clichés frente a la vida de dos hermanas adolescentes.

Alejandro advierte que el trabajo en conjunto es un pilar fundamental en la realización y que es eso lo que mayor fortaleza le da, por eso no es extraño que se interrelacionen algunas expresiones (y sus modelos de producción) como ocurrió recientemente con el cine y la música: “En Córdoba la realización colectiva estuvo presente desde el vamos, porque ya las primeras tres películas que fueron como casi iniciáticas de todo esto (De Caravana, Hipólito y El invierno de los raros) nacieron hermanadas en un modelo de producción. Los productores fundaron un sello distribuidor colectivo con las tres películas. Aquí las cosas todavía funcionan como en una ciudad chica. De alguna manera somos una aldea y nos conocemos todos. Pasó por ejemplo con Tres D, que fue hecha por un grupo de amigos, en Cosquín, en pocos días y casi sin financiación. Entonces otros amigos que tienen un grupo de música, como MCTP, de golpe le están haciendo la banda de sonido; y como ellos están en un sello, el resto de las bandas también aparecen en otras películas como El último verano o Atlántida. La verdad es que eso te da una retroalimentación que es muy linda y ayuda mucho”.

La referencia localista que uno espera encontrar cuando se acerca a un “fenómeno”, por suerte es muy diversa, y tan personal como cada uno de sus realizadores deseó que fuera. Así, las historias pueden ir desde una comedia que ocurra en cualquier lugar del planeta, como en El Tercero de Rodrigo Guerrero, donde una pareja gay contacta a un joven por chat desencadenando todo un encuentro interesante, donde las edades dispares y la sexualidad son los matices enriquecedores. O El último verano, dirigida porLeandro Naranjo, que recorta una noche random (otra vez sin un necesario anclaje local, aunque con referencia, para los que conocen, al existente Cinéfilo Bar) cargada de hiperrealismo, y diálogos incómodos de una pareja joven que se reencuentra en una fiesta.

“En general la gente escapa mucho al cordobesismo. Ninguna película hace uso ni abuso de alguna marca de localía particular. Digo, nadie va a filmar el cuarteto porque sea algo rendidor y espera meter público con eso, se entiende? Si aparece como hecho vinculado, bien, pero no lo van a buscar para vender un modelo de “lo cordobés” hacia el resto del país. Nos queda la duda de qué hubiera pasado si De Caravana no hubiera tenido todo el rótulo de La Mona Jiménez ¿hubiera sido lo mismo? (la película fue vista por 30 mil personas) No lo sabremos. Sí hay que hacer mucho hincapié en la independencia. Muchas películas han surgido del ámbito de los cineclubes, y eso te da una identidad. Hay un espacio que se llama La Quimera, que de golpe dio pie a El Calefón, que es una productora casi modelo que hizo muchas películas. O Cinéfilo Bar, que le pertenece a Rosendo Ruíz, de donde también comenzaron a surgir producciones”, dice el crítico.

Otra película que es necesario destacar es El Grillo, de Matías Herrera (quien fue codirector y coguionista del documental Buen Pastor, una fuga de mujeres). Se trata de un homenaje al actor y titiritero Héctor “El negro” Grillo, donde de hecho se utilizan sus propios títeres y la casa de su viuda como locación. Esa casa funciona como un oasis donde transcurren los hechos con mucha intensidad en torno a la historia de dos mujeres adultas que viven allí. Por otro lado, el documental Escuela de sordos, de Ada Frontinimuestra la pasión de Alejandra Agüero por su trabajo como maestra especial en la localidad de Bell Ville, trabajando a diario con sordos de distintas edades. El documental es una reivindicación a la lucha de integración y a la dedicación profesional (y humanitaria si se quiere) de esta heroína encubierta.

“Podríamos decir que se trata de gente muy joven que muestra una estética particular, que apunta a darle importancia a los tiempos activos, a un plano largo, a no tener miedo a contar y a poner la cámara, a hacer planos secuencias. Se rompe la cosa con respecto al cine más comercial/industrial. Es una tendencia que los pibes se animen a meterte un plano de 7 u 8 minutos de un rostro sin problemas. Toman riesgos sin miedos y eso es hermoso. No están condicionados por un “deber ser” a la hora de hacer cine. Hacen lo que quieren e imponen sus propios modelos de producción. Es un terreno ganado importante”, cierra Cozza.


Fortalecer la industria para continuar

Los realizadores audiovisuales de Córdoba están impulsando un interesante proyecto de ley que les permita promover la actividad tanto de manera cultural como industrial. Este proyecto recoge una serie de propuestas elaboradas por directores, productores, técnicos y trabajadores en general, para obtener los recursos necesarios para poder magnificar los resultados y continuar produciendo. En este link se profundiza toda esa información, y se puede adherir a la causa, colaborando con una firma en el petitorio:leyaudiovisualcba.org.

Publicado en La Gaceta.

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