Relámpago en la oscuridad: detrás del mito

Existe en Argentina una marcada tendencia a endiosar a ciertas figuras públicas, elevándolas a pedestales mitológicos. Esas figuras no necesariamente se corresponden siempre con una figura humana, sino que también pueden tratarse de grupos de personas, o de una corriente significativa de cambios que fue acaparada, y cosificada, por el relato popular, para ser rememorada bajo un nombre, un logo o una anécdota. Incluso más allá de que las personas directamente involucradas en los hechos continúen vivas.

Relámpago en la oscuridad, un documental de Beto Zamarbide.

Ocurre en el deporte, en la política y en la música. Tal vez por ello un grupo de realizadores audiovisuales se cargó al hombro la difícil tarea de ir más allá de un logo, de unos cánticos y de muchas leyendas, para llegar a la figura de un hombre. Comprimiendo cuatro años y medio de proyecto, y treinta de trayectoria musical, en una película documental de 102 minutos. Esas personas son Pablo Montllau y Germán Fernández; la productora encargada Animal Films, y el sujeto (de estudio) en cuestión: Alberto BetoZamarbide, líder de la legendaria banda V8.

Seguramente la historia de V8 solamente sea conocida por una población segmentada que conozca la historia del rock argentino, y goce de mayor capacidad de detalles en aquellos que, minuciosamente, conocen la historia del género heavy metal. Sin embargo, no es inaudito pensar que se trata de una “marca” (pido las disculpas pertinentes por adelantado) que trasciende las generaciones y gustos musicales, y que se instaló en el inconsciente colectivo de la población con la misma fuerza que un club de fútbol, o de una parcialidad política partidaria.

Es que realmente hay algo apasionante en las biografías, incluso en las que segmentan tan sólo una franja de una historia, que va más allá del talento que se intente destacar de una persona. Algo que tiene que ver con el orden de las vivencias, de la curiosidad, y del morbo por trascender lo parcialmente visible para llegar a las profundidades de los “porqués”. Algunos extraen de ellas herramientas de superación, otras personas consiguen piezas incompletas en su mapa mental de conocimiento, y otros simplemente disfrutan la exquisitez de la esencia del relato.

Lo imprescindible en la segmentación histórica de la faceta musical de Zamarbide es que este documental, Relámpago en la oscuridad, abarca muchos contextos tan disímiles como atractivos de analizar. Ya se trate de las dificultades históricas de una banda emergente para conseguir lugares donde expresar su arte, como lo difícil de sobrellevar una estética (y un modo de vida, como si fuera poca cosa) nada adaptada a la rigurosidad militar de los años del Proceso. O bien el camino de “sanación” que emprendió el protagonista por el camino de la fe, modificando a todo su núcleo (familiar y de amigos). También entra en ecuación el factor exilio, los desafíos de intentar retomar una actividad aunque te hayan convertido en estatua o poster permanente, y el incesante cruce de egos que se despierta en estos casos cuando se habla de “fenómenos”.

“Nos daba curiosidad en general toda su figura. Queríamos investigar y respondernos a nosotros mismos el porqué de la cantidad de matices en la vida de Zamarbide, sobre todo sus costados más polémicos, como la cuestión de la Fe y el hecho de vivir en otro país siendo que en Argentina es uno de los máximos exponentes de la música pesada”, dice Pablo, uno de los directores. “Teníamos dudas e incertidumbre sobre cómo poder contar y abordar la historia con tanto material. En un momento tuvimos que sentarnos y ver si estábamos siendo consecuentes con lo que pensábamos de él, y si de alguna manera manteníamos la idea original”, complementa por su parte Germán.

En el documental se puede apreciar el testimonio de muchos colegas de Beto, de periodistas especializados, y de su entorno. “Alcanzamos un punto máximo de confianza cuando nos abrió las puertas de su casa y compartimos con la intimidad de su familia”, dice German. Además, puede observarse en él un interesante recorrido por material de archivo que recopila imágenes de momentos cruciales, tanto como cantante de V8, como al frente de Logos (en los dos períodos), su otra gran banda de heavy con tinte religioso. Hay un gran trabajo de captura de imágenes y de seguimiento que logra ir más allá del mito para mostrar al humano detrás de todo, al músico, al luthier, al que se fue a estudiar Music Business, al que volvió. Un camino que va de la oscuridad de las huestes violentas, al sol enardecido de Miami.

“Nos fuimos dando cuenta de que iba a ayudar a desmitificar muchísimos aspectos de lo que se creía que había sucedido con la separación de V8, y de la relación entre Ricardo Iorio y él. Me gustaría que la gente no solo espere ver un documental de V8 o de Logos, sino encontrar una historia de vida muy interesante, y sobre todo ver cómo nació el Heavy Metal en este país y cómo se fue propagando. Había muchas cosas que teníamos divisadas, y apuntábamos a investigarlas, pero también se fueron dando otras sobre la marcha, como el hecho de que Beto es un tipo que no para de trabajar dentro de lo musical, de que tiene un arraigo importante con su historia familiar, y un compromiso social que va más allá de los escenarios y las letras”, cierra Pablo.

Acerca de la difusión

Desde su estreno, el documental fue encontrando de a poco algunos espacios dónde mostrarse, ya que no se mueve dentro de los canales comerciales de difusión. Eso lo llevó a adquirir cierta esencia itinerante, con mayor presencia en presentaciones gratuitas o económicas en contexto culturales. Los momentos más fuertes de exhibición, hasta el momento, fueron los festivales de cine de Gualeguaychú y de Mar del Plata (donde ganó un premio). Habrá que seguirle el paso y encontrar un momento para cruzarse con él.

Publicado en La Gaceta.

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