Políticas pesqueras patito

La Paz, Baja California Sur (BCS). El año pasado se decretó un refugio pesquero en el Golfo de Ulloa, supuestamente para proteger a la tortuga caguama, la cual muere por miles año con año, registrándose en esa zona la mayor mortalidad a nivel mundial debido a la captura incidental. El refugio, decretado unilateralmente por la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca), establece la creación de un Programa de Observadores a Bordo (POB) para cuantificar la máxima captura permitida de 90 tortugas caguama. Cifra sacada de la manga que no se justifica en ningún lado.

Para la flota atunera de Hawái se requiere de 34 interacciones de tortugas caguama y 25 de tortuga laúd con las artes de pesca, para que se cierre la pesquería durante esa temporada. Sin embargo, en México la Conapesca estableció 90 “muertes”, que es diferente a “interacciones”, es decir, si la tortuga queda atrapada en una red pero puede seguir respirando y sobrevivir al ser auxiliada o escapar, se puede considerar como una interacción. No obstante, el POB sólo se dedica a cuantificar si las tortugas se encuentran, enredadas, atrapadas o auxiliadas y no a las muertas. Entonces, ¿cómo funciona el refugio pesquero y el POB?

Según datos del mismo POB, no han podido salir ni en la mitad de los viajes de pesca con los pescadores, debido a que en muchas ocasiones se les niega que suban a bordo, y aunque los funcionarios de la Conapesca quisieron prever esta situación, se les ocurrió una idea de esas increíbles. El decreto, publicado en el Diario Oficial de la Federación (el 10 de abril del 2015) con todas las supuestas formalidades dice: “en las embarcaciones en que no haya un observador presente, se establece que utilizará como tecnología alternativa la videograbación asociada al monitoreo satelital de embarcaciones. Cualquier embarcación que no pueda llevar un Asistente Técnico a Bordo (ATB) requiere contar con el equipo de monitoreo satelital funcionando permanentemente durante la operación de pesca, así como del equipo de videograbación de dichas operaciones”. Por supuesto tampoco sucede.

Y aunque sucediera lo anterior ¿Se imaginan videograbaciones de más de 5 mil viajes de pesca al mes que se hacen durante muchas horas al día? ¡Es imposible! Para empezar, ¿cuantas memorias y baterías para las videocámaras se necesitarán para cada embarcación? o ¿quién podría revisar este material?, y ¿cómo se asocian las videograbaciones a un monitoreo satelital, y cuánto costaría hacer todo esto?

Pero bueno, con menos de la mitad de los viajes de pesca fiscalizados, las “interacciones” entre las redes de pesca y la tortugas marinas que se han registrado en el POB de mayo a septiembre del 2015 son 353 (trescientas cincuenta y tres). ¿Cuántas murieron? no se reporta. Lo que sí se reporta es que de esta cifra total de tortugas, no todas corresponden a la especie de tortuga caguama, de la cual han sido 25 ejemplares, sino que también han sido 69 tortugas prietas, 8 carey y 8 ejemplares de tortuga golfina.

Muy bien que también se cuentan las otras especies de tortugas, y que se calculen las tasas de encuentro, tasas de interacción, tasas de avistamiento, etcétera, sólo que hay otra consideración, con el decreto de refugio pesquero de Conapesca sólo se intenta proteger a la tortuga caguama, las demás especies de tortugas (también en peligro de extinción), aunque murieran por cientos no pasaría nada, o más bien, se promueve el status quo.

Afortunado o desafortunado, difícil de saber, estas disposiciones sólo se crearon para permanecer 2 años, así que terminarían en abril del 2017. Haciendo como que cuentan y como que fiscalizan, gastando recursos federales. Y es que este trabajo no lo está haciendo el mismo personal de Conapesca, sino que la dependencia decidió escoger por dedazo a una empresa llamada “Sistemas y Servicios Ambientales S.A. de C.V.” (SISA) para la realización del “Proyecto de Asistentes Técnicos a Bordo para la flota artesanal de la costa occidental de Baja California Sur”. Así lo designó Víctor Manuel Arriaga Haro, director general de ordenamiento pesquero y acuícola de Conapesca, desde un mes antes que se publicara el decreto de área de refugio en el Diario Oficial de la Federación.

Fue, de hecho, lo mal fabricado de esta política pública lo que llevó al gobierno de Estados Unidos a certificar negativamente al gobierno mexicano, debido a que con esto no se garantiza una reglamentación de protección equiparable, a la que realiza el país vecino para proteger a la misma población de tortuga caguama. Cuando los gobiernos ya estaban en el entendido que se publicaría otra mejor propuesta de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Conapesca echó a perder las negociaciones con su refugio pesquero, tomando a todos por sorpresa y provocando el resultado negativo.

Por lo tanto ahora esperamos sanciones hacia el gobierno mexicano y/o el sector pesquero. Estas deben ser emitidas literalmente desde la Casa Blanca, y aunque no hay una fecha límite para que suceda, las consecuencias podrían ser graves al cerrar los puertos a embarcaciones pesqueras mexicanas, o peor aún, se impongan restricciones al comercio de pescados y mariscos, sobre una o varias especies.

Así, la propuesta de la Semarnat que había convencido a los EU se quedó en un cajón, atropellada por la de Conapesca a pesar de que ya estaba lista y sigue así para ser publicada. Por lo pronto SISA seguirá contando a las interacciones de tortugas, pidiendo permiso para fiscalizar, y esperando los seguramente costosos y supuestos sistemas de videovigilancia y GPS.

No se trata de quedar bien con Estados Unidos, e intentar convencer a otros países de que estamos protegiendo a las tortugas en peligro de extinción a través de políticas públicas patito. Se trata de permitir la actividad pesquera y detener la captura incidental. Si esto sucediera ni siquiera se habría escalado a una disputa internacional.


Originally published at www.bcsnoticias.mx on January 14, 2016.