¿Nos mantenemos para hoy?—inició la conversación Nick—de mi parte puedo estar ahí a las 6.
Claro que sí—Replicó María– A esa hora está bien.
Después de dejar el celular en su habitación el joven salió entusiasmado a buscar a su mamá para contarle del gran acontecimiento que estaba a punto de suceder. 25 minutos después el joven no entendería por qué ella mostró un semblante tan preocupado.
Nick estaba muy feliz y no era para menos, después de vivir prácticamente siempre alejado de todas sus amistades de infancia, por fin iba a poder reunirse con una de ellas. ¡Gracias a Dios que existe la tecnología!—exclamó en sus pensamientos—y es que Nick no era un joven que haya experimentado la más común y social de las vidas, y fue por medio de la tecnología que pudo mantenerse cerca de las personas que conocía.
Él tenía 20 años, su mayoría vividos en países ajenos. Hijo de un padre y una madre que dedicaron toda su vida a viajar por el mundo, enseñando. Siempre fue arrastrado en esos viajes, y las únicas personas con quien tenía un contacto real era con ellos y con Claudia, Máximo, Karla y Martín, quienes se encargaron de educarlo siendo sus profesores en casa.
Cuando tenía 5 años, Nick (quien tenía nombre gringo en honor a un profesor de su madre) conoció a María. María era un niña de clase alta al igual que él, hija de unas amistades de sus padres, quienes un día aceptaron ayudarlos cuidándolo mientras asistían a un evento en el Teatro Nacional. Una semana antes de emprender una nueva vida de viajes por el mundo, este fue el primer y único día en el que Nick había visto a María.
Nick como era de esperarse, había tenido una vida muy solitaria. Siempre deseó poder conocer personas, deseo que de alguna manera solventó cuando la tecnología comenzó a jugar un papel determinante en su vida, y de esa manera se encontró con algunas personas a través de las redes sociales y contactos de sus padres, personas que ellos le comentaron que en algún momento de su vida conoció y con quienes estableció contacto, entre ellas estaba María.
Su relación con María lo ponía eufórico, hablaban a ratos, prácticamente todos los días, hablaban de sus días, de los amigos de María, de las amigas de María, de su escuela, de su universidad, de sus padres, de todo. María era la persona con quien más contacto tenía, pero el único detalle era que siempre fue a través de un chat; de manera que, no era de extrañar que lo primero que hizo cuando volvió a Costa Rica fue escribirle y pedirle un café para conocerse finalmente en persona.
El día llegó. María estuvo allí, en el lugar de encuentro a las 6:46. Pudo reconocer de primera entrada a Nick, por sus fotos en Facebook, fue hacía él, se sentó en la silla que estaba de frente y Nick la recibió con un: “Jajaja, ahora entiendo eso de la hora tica”, a lo que ella entre sonrojada y extrañada por aquel saludo sonrío. Los minutos siguientes fueron bastante amenos, Nick le contó acerca de todos los países que a lo largo de 15 años había visitado, ella le contó acerca de su universidad y su carrera, la cual ya llevaba bastante avanzada.
La conversación transcurrió de manera amena y fluida por más de tres horas en las que hablaron de todo un poco. Hasta que de pronto y de manera súbita, durante un breve silencio y ya habiendo pagado su cuenta Nick simplemente se levantó de su asiento y se fue, sin decir nada, sin despedirse, sin gesto alguno.
Al día siguiente Nick le escribió a María como habitualmente lo hacía, a lo que María simplemente le replicó un: “vos no tenés modales ni educación, no me volvás a hablar. Nick no entendió, para él no había pasado nada fuera de lo normal, todo había transcurrido tal y como siempre había transcurrido a través de sus mensajes de chat, la conversación le había parecido en su forma, de la misma que las que tenían siempre. Le escribió de vuelta a María, consultándole el por qué de su enojo, pero ella no contestó más.
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