Odio.

(Del lat. odĭum).

1. m. Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.


Leyendo el significado de esta palabra me parece que no es para tomarse a la ligera. Es como cuando hablamos de amor. ¿Han pensado lo mucho que valoramos cuando alguien nos dice te quiero o te amo por primera vez? Parece que es más fácil expresar lo que se odia que lo que se quiere.

Y sin embargo, día a día, leo a personas hablando de lo mucho que odian, personas, lugares, cosas.

Algo debe andar muy mal, cuando no solo pasamos de un simple disgusto o desagrado, que es completamente normal, a declarar -en muchos casos públicamente- que odian a alguien. En algunas de estas declaraciones, me queda claro que el odio es simplemente generado desde un punto de vista egocéntrico e individualista, o la incapacidad de entender la realidad del otro.

¿Porqué alguien que ha sido víctima colateral de un atentado terrorista es capaz de decirles de forma pública a los responsables de la muerte de su esposa que no tendrán su odio, y sin embargo tengo en mi timeline a alguien que dice que odia a la gente que llama a sus perros con nombres como “hijos”, “peluditos” o “bebés”, o que odia que el barista del Starbucks escriba mal su nombre? ¿Cómo es posible que haya odio hacia personas que no nos hacen nada y que con sus acciones no lastiman a nadie? ¿Cómo es posible que tomemos tan a la ligera el odio? ¿Porqué hablan de odio sobre cosas tan banales y cosas mucho más serias parecen no querer ni discutirlas? ¿Tienen puta idea de lo que es odiar? Creo que no. Tantas palabras en nuestro vocabulario para expresar emociones específicas, y todo se reduce a una sola: odio.

Y el odio va permeando, poco a poco, como la humedad. Primero, odiamos los lunes, ¿porqué? no tengo idea. Pero ahí los veo, colectivamente queriendo casi casi que el lunes no exista, queja tras queja. Después odiamos el tráfico de la ciudad, pinche tráfico, pero los veo montados en sus carros, en las horas pico, siendo parte de esa masa que colapsa diariamente las vías de diversas ciudades, si les propones un método alternativo, nada, que te den, porque me caga la idea de juntarme con la chusma y para eso lo tengo, y de paso, te odio a ti por sugerirme algo semejante. Odio al señor que se acercó a venderme algo, pinche indio, odio que se me acerquen y me hablen, ¿no ven que estoy ocupado hablando por teléfono?, odio verlos en las banquetas, vendiendo sus cosas, ¿porqué no los detienen y se los llevan?. Odio ir al café y que el hijo de la chingada del barista escriba mal mi nombre, tengo que tomarle foto a mi vaso y decir: miren a este pendejo, escribió mal mi nombre. ¿No odian cuándo les hacen eso?.

Una búsqueda de la palabra odio en Twitter arroja resultados curiosos. La mayoría de los tuits no tienen que ver con atentados terroristas, con desastres naturales, o ecocidios cometidos por grandes empresas (Río Doce por ejemplo), ni con el tráfico sexual de menores, ni con la clase política de diversos países. Hay odio para las mujeres -mucho-, a quienes defienden a los animales, a quienes están a favor del aborto, de la legalización de la marihuana, hay odio hacia grupos musicales, hacia la mamá que despierta al hijo de su siesta, a una marca, a una estación de radio, una comida. Esa clase de odio.

¿En qué momento pasamos del DESAGRADO, al ODIO, al DETESTO? Me molesta esto, pero no lo odio. Me molestan muchas cosas, pero no podría desear mal a toda esa gente, venga, que respeto su derecho a expresarse, solo necesitaba preguntar y saber ¿porqué tanto odio y a lo pendejo?