Creo que deseo morir

Hay muchas maneras de morir y hay pocas salidas, o por lo menos se esconden más. ¿Qué es lo que más nos atrae a la destrucción? ¿Por qué nos empeñamos más en cavar una tumba que en plantar un árbol? No hay tanta diferencia en la mano de obra y en las herramientas a utilizar.
Atractiva es la tumba, pero no es cómoda. Es mucha la ingenuidad y poco el tiempo que hemos tenido en esta tierra para analizarlo. Falsamente creemos en que hay pasajes obscuros que serán finalmente aplastados por un terremoto. Pero los muertos siempre viven y los fantasmas susurran.
Por un breve instante se nos da la opción de arreglar un segundo de nuestras vidas, esa partícula en el tiempo que nos pudo haber hecho voltear y ver el piano caer sobre todo nuestro cuerpo. No sé si lo que sonó más fue el crujir de los huesos o las cuerdas del Steinway & Sons.
Muy fácil sería todo. ¿Pero que segundo exactamente escogerías? ¿El de la decisión inicial o el que pudo prevenir la crisis?
Si, el deseo es uno que quema. Y si, las salidas son pocas.
Pero también existe la esperanza, aunque sea una falsa. Ahí está ese halo de luz, ese otro segundo al cual perseguir y no dejar de apretar. No pasa nada, su respiración es infinita.
El tiempo no regresará. Las cicatrices por algo existen, para no dejarnos escapar.
Pero las quiero admirar. Las quiero respetar. Les quiero temer. Pero quiero que sean la llave, esa que abra otro espacio y un universo paralelo pero inverso, de cabeza y con la sangre de fuera.
Hay muchas maneras de morir y hay pocas salidas. Sé que encontraré la adecuada.