Ninguna golondrina más
Nací en un país sin ejército que tiene una guerra permanente.
Es un conflicto que no destruye territorios, ni arrasa edificios, ni arruina los campos. Es mucho más devastador.
Es un conflicto capaz de robarnos la paz, de arrebatarnos la esperanza, de destrozarnos el alma y de rompernos el corazón.
La guerra en Costa Rica es por la justicia.
Es por ese inentendible sistema donde el juicio dura más, que lo que dura un delincuente en la cárcel.
Nuestra pelea es por ese inentendible sistema que pone tras las rejas a quien debe un mes de pensión y que, al mismo tiempo, libera a un sospechoso de homicidio por falta de pruebas.
Es por ese inentendible sistema que olvida quiénes son las verdaderas víctimas.
Por ese injustificable tiempo de espera que solo lo conocen quienes han sido víctimas de ese viejo y desfasado reloj que llevan puesto quienes administran la justicia en nuestro país.
Y no es culpa de ellos. Es culpa de un proceso que pareciera diseñado para prolongar el dolor, para aumentar el drama y para reabrir heridas.
Si no que lo diga esa mujer violada que espera tres años para sentarse en una incómoda silla y recordarle al primer juez disponible ese espantoso día de su vida, que hace tiempo intenta olvidar.
Nuestra pelea es por sentencias justas, por prisiones que sirvan como centros de rehabilitación y no como escuelas para formar delincuentes.
Podríamos construir una cárcel por cantón y encerrar por años a quienes convierten el mal en su estilo de vida, pero eso –nos dice la experiencia– no nos ha servido de nada.
Necesitamos verdaderas políticas de resocialización.
Necesitamos un tratamiento penitenciario que sirva de adaptación social, para todos esos que se comportan de manera inapropiada en nuestras calles.
Porque, lo que tenemos ahora, no son cárceles, sino centros de reclutamiento, donde la matrícula y la mensualidad la pagamos entre todos nosotros.
Lo que tenemos son campos de concentración donde se aprenden las mejores técnicas de guerra.
Esta semana, el presidente Solís dijo que “una golondrina no hace el verano”, al referirse al caso de un privado de libertad al que su gobierno le dio el beneficio de salir de la cárcel y que, a los pocos días, violó a una mujer en Guácimo.
Hoy leí con indignación que otro reo, con ese mismo beneficio, fue detenido por una supuesta violación a un niño en Guanacaste.
Nuestra guerra es contra esos que no se atreven a reformar el sistema de justicia, contra esos que nos deben compromiso y responsabilidad.
Nuestra guerra es por elegir políticos que entiendan, primero, que una golondrina tiene quince centímetros desde la cabeza hasta la cola, pico negro y corto, cuerpo negro azulado por encima, blanco por debajo y alas puntiagudas.
Y que una golondrina no se parece en nada a esos ladrones de nuestra tranquilidad, a esos asaltantes de nuestra paz, a esos mercenarios que se llevan nuestros más valiosos tesoros.
Esas golondrinas que menciona el Presidente, en verdad no las conocía. Perdón por mi ignorancia.
No dejemos que esa nueva especie, descubierta en Costa Rica, vuele sobre nosotros, en busca “insectos”.
¡Solo falta que nos comparen con eso!
#NingunaGolondrinaMÁS