Bocanadas de oxígeno


De él tengo nulos recuerdos. Su existencia dentro del seno familiar es una mera anécdota. Puedo dibujarme un bosquejo de su existencia gracias a los relatos de mi madre.

La única foto suya que conservo es de un viejo recorte de periódico. Dentro de la corta descripción de la misma, entiendo que la altura de la ciudad le pasó factura, incluso necesitó unas cuantas bocanadas de oxígeno.

A pesar de las «hemorragias nasales» con las que peleó durante el descanso, supo recuperar su gran finura, dominio de balón y precisión en el pase. La crónica es corta pero concisa: tenía lo necesario para estar ahí.

Más allá de ese viejo y apenas legible trozo de periódico, no existen registros suyos. Mi madre me cuenta que le pegaba con un tubo con la zurda.

Jugó con el América y el Zacatepec. Desconozco si tuvo fortuna con ambas camisetas o sólo fue un extranjero más con una anécdota en México.

De lo que estoy totalmente seguro es que yo no logré heredar ni una pizca de su finura con el balón. Aunque sí logré perpetuar el amor hacia el futbol. Él era húngaro y por sus venas corría sangre austriaca. Por si fuera poco, fue mi abuelo.

Hoy en día, la familia no sabe si sigue vivo o no. Lo único cierto es que se vio obligado a renunciar a su nacionalidad, situación que también incluía a su joven esposa, sin que ella tuviera conocimiento al respecto.

Antes de que él se enfundara en una camiseta águila, su país era la voz cantante dentro del futbol. Hoy, sólo quedan los recordados logros.

«Hoy somos los alumnos cuando antes éramos los maestros», confesó Balázs Dzsudzsák, capitán y emblema de esta nueva selección magiar previo al histórico debut en la Eurocopa de Francia frente a Austria, tras 44 años de ausencia.

Las palabras del capitán reviven el glorioso pasado de este país. Ese mismo que logró colgarse tres medallas olímpicas jugando al balompié.

Desde el primer momento en el que se supo el grupo donde debería pelear para volver a hacer historia, se pensó en un muy lejano segundo lugar detrás de la Portugal de Cristiano Ronaldo.

Después de tres encuentros, los magiares pasaron de Cenicienta a revelación al clasificarse primeros, y mandar,con ayuda de Islandia, a los lusos al tercer lugar del grupo.

Para Hungría, los octavos de final sirven para seguir soñando…en pijama, como lo hace su arquero.

Si bien es cierto que yo no gozo de ningún papel con el que pueda amparar mi afiliación a esta selección, me emociono, al igual que el resto de mi familia.

No me pidan que deje a un lado los nervios de ver al país de mis abuelos hacer historia una vez más. Tampoco me digan que estos logros no puedo sentirlos como propios. Esto va más allá de nombres, nacionalidades y burocracia.

Lo único que les pediría es que me mantengan en sus pensamientos porque mañana a partir de las 11 de la mañana (sí, tres horas antes del partido), necesitaré más de una bocanada de oxígeno, como mi abuelo.