Apenas ponemos un pie fuera del avión y la ciudad ya te está mareando. ¿Alguna vez te imaginaste lo enorme que iba a ser el JFK? Ni ella ni yo sabíamos qué esperar.
Somos seis en el grupo: su amiga, su hermano, su hermana, el novio de su hermana, ella y yo. Al menos el problema de las habitaciones ya está resuelto, el único problema es que todo quedó al estilo “mis papás vienen conmigo”, o sea que yo dormiré con su hermano y ella con su amiga.
Llegamos, rentamos un auto y todo el camino al hotel es un esfuerzo tremendo por no llenar los cristales con baba. La alfombra no corrió con la misma suerte.
Somos unos novatos en esto de ser turistas. Estar aquí es un millón de veces mejor que ser un niño de una juguetería. ¿Quién necesita de rompecabezas, pelotas y juegos de destreza cuándo estás en Nueva York?
Ella me tiene fascinado. Es la clase de chica que nunca dejó ir su lado explorador. Nunca la había visto tan emocionada como cuando estaba por gastarse sus cinco minutos frente a los prismáticos cuando subimos al rascacielos. En verdad que soy afortunado por estar ahí para poder ver eso.
La estamos pasando tan bien que ni siquiera me importa que me suelte de la mano por salir corriendo a ver qué hay de nuevo en la siguiente esquina. Mientras ella mira para todos lados, yo miro hacia arriba. Los edificios son tan altos que pareciera que jamás vas a ver la punta con tus propios ojos.
Estábamos tan concentrados en contemplar el paisaje, y en evitar ser arrollados por la multitud, que casi olvidamos que no habíamos comido desde que salimos del aeropuerto. No sé cómo fue que llegamos a Burger Joint. “Más vale que sean buenas hamburguesas newyorkas” Le digo a Andrea. Mientras ella sólo me toma de la mano y me jala detrás de ella para poder ser los primeros en pedir.
La carne cubierta con pan más deliciosa que jamás hayamos probado. Poncho aprovecha el momento y toma el papel de Jules. “Mmmmmmhmmm this is a tasty burger.”
El resto no fue gran cosa. Un poco más de cerveza y una caminata por una calle llena de locos que hablan idiomas incomprencibles para cualquiera de nosotros.
Una gran sonrisa para terminar. Así es como te la pasas cuando vas tomado de la mano con la chica más bonita por las calles de Manhattan.
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