El “duelo”
Esta es una palabra que no entendí cuando me encontré con ella la primera vez. Ni siquiera sabía que estaba relacionada con la muerte. Hasta ese momento, duelo era sinónimo de batalla.
Recuerdo la expresión de los demás a mi alrededor cuando desaprobando mi comentario:
“¿Duelo? Así como agarrarse a espadazos”.
¿Pues yo qué carajos iba a saber que se le llama duelo al proceso que enfrenta alguien con la muerte de los demás?
Y es aquí donde tengo un problema con la palabra. Me da la impresión de que llamarle duelo, de inmediato es llevarlo a un lugar oscuro, desolado y con pocas esperanzas.
Un duelo implica una batalla y por lo tanto un ganador. Viene cargada con una presión enorme por vencer al sentimiento de pérdida y salir a toda costa con el título de ganador y, lo cierto es que, con la muerte no se puede pelear. Ella tiene más aguante, fuerza y experiencia que cualquiera. ¿O es que hay alguien que haya podido vencerla?
Con la muerte uno aprende a sobrellevarla. Bien, mal o, a veces, puede dar igual. No importa cómo, el asunto es que no es una pelea, no es un duelo, es algo más. No es algo con lo que se pelea, se convive para encontrarnos y entendernos a nosotros mismos.
Renuncio al duelo como una forma de lidiar con la muerte, prefiero otras formas de convivencia menos competitivas.
