MESOAMÉRICA: LA PROTECCIÓN DE LOS BOSQUES Y LA BIODIVERSIDAD NO ES UN CRIMEN

Guatemala, miembros de la comunidad Yaloch realizan labores de protección del bosque. Fotografía: Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOPOF)

Agua, tierra, madera y minerales. La riqueza de las tierras fértiles, los ríos y los bosques Mesoamericanos es causa de violencia, persecución y muerte para quienes la defienden.

Las reservas boscosas más importantes de Mesoamérica son protegidas por pueblos indígenas y comunidades locales: Reserva de la Biosfera Maya en Guatemala, Reserva de Río Plátano en Honduras, Reserva de la Biosfera de Bosawás en Nicaragua, Reserva Talamanca-La Amistad en Costa Rica y Parque Nacional Darién en Panamá.

De México a Panamá, quienes levantan su voz para preservar los bosques y la biodiversidad que albergan están sufriendo todo tipo de violencia, persecuciones y criminalización: el acoso policial y judicial es pan de cada día para líderes ambientalistas quienes deberían ser protegidos por sus respectivos gobiernos y sin embargo están siendo hostigados y exterminados.

2015 fue el año con mayor número de asesinatos de defensores ambientalistas en la historia. Según el informe En Terreno Peligroso publicado por la organización no gubernamental Global Witness en promedio fueron asesinados tres activistas por semana, para un total de 185 en todo el año, un número nunca antes visto.

Los nombres de algunos de estos defensores ambientales se han convertido en noticia, por la saña con la que fueron atacados y por la crueldad de sus homicidios, los cuales han estado relacionados a la defensa de los derechos territoriales y los recursos naturales.

Por cada asesinato que podemos documentar, hay otros que no pueden verificarse o que no se denuncian. Al igual que, por cada vida que se pierde, muchas más quedan arruinadas por la violencia, las amenazas y la intimidación constantes — Global Witness
En México: Ildefonso Zamora a quien la defensa de los bosques de San Juan Atzingo le costó la vida de su hijo Aldo, asesinado por taladores ilegales, además de 9 meses de cárcel por una acusación falsa de robo. Fotografía de Greenpeace
En Honduras: Berta Cáceres, lideresa que se enfrentó al gigante Chino Sinohydro y al Banco Mundial para defender el territorio Lenca del proyecto hidroeléctrico Aguas Zarcas, y quien fue asesinada a tiros en su propia casa

Nelson García y Lesbia Urquía, compañeros de lucha de Berta Cáceres, él fue asesinado de un balazo en la cara, ella de un machetazo en la cabeza y su cuerpo abandonado cerca de un botadero Municipal. En Guatemala, Walter Campos, Defensor de la Biosfera Maya, asesinado de múltiples disparos. The Guardian reporta que dos activistas indígenas más han sobrevivido intentos de homicidio separados esta semana en Honduras.

El ataúd de Tomás García es llevado por miembros de la comunidad — A pesar de vivir en pobreza extrema y tener una familia numerosa Tomás no aceptó un soborno de 20,000 Lempiras (980 dólares) que le ofrecieron por apoyar un proyecto hidroeléctrico en Río Blanco, Honduras. Su hijo Alan García quien lo acompañaba ese día sobrevivió dos disparos. Fotografías por Beverly Bell

40% de las y los defensores ambientalistas asesinados a nivel mundial son indígenas

De acuerdo a cifras de la ONU son los pueblos indígenas -quienes continúan defendiendo sus territorios de la voracidad de los grandes poderes políticos y económicos- los que sufren de forma desmedida el acoso y la violencia. Victoria Tauli-Corpuz, relatora especial de la ONU, comentó respecto a este tema que “Debería haber un proceso activo que desafíe el sistema dominante de desarrollo, que está siendo promovido por la mayoría de los gobiernos, y apreciar la contribución de los indígenas en la promoción de la diversidad cultural y biológica".

México, guardián del bosque de origen Otomí. Los guardias comunitarios a menudo exponen su vida en defensa de los bosques y su biodiversidad. Santuario de la Mariposa Monarca, Michoacán. Fotografía: Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques

La codicia por los recursos naturales y la impunidad con la que intereses políticos y privados asedian a activistas ambientales es alarmante

La minería, las industrias madereras, ganaderas y agroindustriales y los proyectos hidroeléctricos llevados a cabo sin el consentimiento libre, previo e informado de los pueblos originarios son las principales causas del baño de sangre en los territorios en los cuales aún quedan recursos naturales por explotar.

Proteger a quienes defienden la tierra y sus recursos debe ser una prioridad global, no solo porque conlleva el respeto fundamental de los derechos que debemos compartir, sino porque la supervivencia de los seres humanos está íntimamente ligada a esta protección. Los y las guardianes de los recursos naturales de nuestro planeta son en muchos casos la última barrera que queda entre el colapso total de los ecosistemas y el punto de no retorno del cambio climático.

Solo tenemos un planeta. La lucha de los pueblos indígenas y comunidades tradicionales es una lucha por la humanidad

La guerra por la supervivencia de los pueblos originarios, de sus bosques y de la biodiversidad que protegen no ha tenido pausa desde la llegada de los colonizadores al continente Americano, la diferencia es que ahora estos crímenes están sucediendo justo frente a nuestros ojos; no permitamos que queden impunes.

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Honduras, comunitarios de la Muskitia. En esta zona, como en otras de Mesoamérica y el mundo, las comunidades se han dado a la tarea de enfrentar las amenazas que se ciernen sobre los bosques. Fotografía: Masta Miskitu