Caleidoscopios del habla

Ojalá tuviera siempre presente que hay interacciones que son tan simples y tan efímeras. Que se me van a ir aunque sé que están ahí. Que quisiera tenerlas como un gif corriendo en el fondo de mi cabeza.

Todo esto porque de pronto me he reencontrado con los mensajes escritos como vía de comunicación constante para conversaciones serias (y ligue, obvi). Y hace mucho que no retomaba el conocer a alguien exclusivamente escribiendo y me doy cuenta que es otro plano para experiencias sutiles y efímeras.

Me doy cuenta de que se me llenan los ojos de lágrimas, que siento mariposas en el clítoris, o que siento como si un oso panda me abrazara. Y todo porque justo en ese momento se dio que ambxs estábamos conectándonos a miles de kilómetros a través de un montón de palabras viejas y palabras inventadas.

Hace una nada y un todo de tiempo, mientras caminaba por un estacionamiento de una plaza decidí checar mis mensajes, y justo en ese momento se abrió una ventanita a hablar de algo que no me esperaba. El resultado fue quedarme sentada más de media hora en mi carro inmersa en una realidad alterna en la que estaba acompañada mientras desparramaba sentimientos que ni a mi ex-psicóloga le había llegado a contar.

En sus palabras, “hay una satisfacción curiosa al confesarte con un desconocido.” El confort de saber que podía simplemente no hablarle si no salía esto como esperaba, pero ni sabía que esperaba, y el resultado fue una sencilla y profunda empatía. Siento que son estos caleidoscopios que si lo miro y lo aprecio en el momento menos esperado, son más maravillosos de lo que esperaba, y por más que busque quedar con la misma fragmentación, no lo podré hacer. Pero sucedió, y ese momento es el que quiero que siga corriendo como un gif en el fondo de mi cabeza.

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